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La mayoría de las personas que huyen de sus países lo hacen por causa de la guerra. Ven el conflicto como un peligro para su integridad; por eso no dudan en buscar un camino hacia un lugar mejor.

Muchas veces hacen esta ruta por mar, y aunque sepan que es peligrosa, consideran menor este riesgo que quedarse en sus hogares.

Hoy queremos contarte la historia de un grupo de 25 refugiados que no dudó en subirse a un barco para escapar de la guerra. “El miedo a quedarse en Siria e Irak es mayor que cualquier temor a los peligros del mar”, nos cuenta Patric Mansour, oficial de protección de ACNUR. Durante el año pasado, el flujo de llegada de personas a Lesbos, el punto principal de entrada de refugiados en Europa, creció de forma exponencial, y las cifras siguen siendo muy altas durante este 2016.





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90 minutos de peligro

Vida mejor refugiados

Piensa en qué acciones pueden durar 90 minutos en nuestra vida cotidiana: una sesión de gimnasio, una clase en la universidad, un partido de fútbol… Una hora y media en la que la mayoría no nos jugamos nada, pero en la que los refugiados que cruzan a Grecia se juegan la vida en el mar. La mayoría de las veces van a bordo de embarcaciones muy poco seguras en las que cada billete cuesta de 1.200 a 1.400 euros por persona. En ocasiones los niños viajan gratis.

El peligro de esta ruta se encuentra en la escasa seguridad de los botes: son embarcaciones poco robustas, barcas hinchables con capacidad para apenas 10 personas que pueden volcar fácilmente. Hace unos meses, cabían de 30 a 35 personas en ellas. La necesidad ha hecho que se incremente el número de pasajeros, y algunas llegan a transportar a 55.

Los refugiados saben perfectamente que se juegan la vida. Los que llegan sanos y salvos lloran de alegría. Algunos incluso dan gracias a Dios. Sacan sus teléfonos móviles de la funda de protección de las bolsas de plástico donde los traen protegidos y llaman a su familia para decir que han llegado vivos. Otros no corren tanta suerte.

Una familia siria de cuatro miembros pagó 10.000 dólares para viajar de Líbano a Alemania. El 14 de septiembre de 2014 salieron de Beirut a Marsin, en Turquía, donde se montaron en un autobús rumbo a Esmirna. El 18 de septiembre, los traficantes los montaron en otro autobús para llevarlos directos a la playa. A la llegada, muchos refugiados se negaron a embarcar. No era el barco que les habían prometido. En su lugar, una pequeña embarcación llena de otras personas los esperaba como un reto.

Durante el trayecto, la embarcación volcó. Muchas personas quedaron atrapadas debajo de ella. Tarek, el padre de nuestra familia protagonista, logró salir nadando hacia el exterior y se reunió con su esposa y su hija menor en la superficie. Intentó llamar a Laya, su otra hija de ocho años, pero solo escuchó silencio.

Vida mejor patera

La familia estuvo flotando durante cuatro horas con otros refugiados, a unos 300 metros de la isla de Lesbos. Sobre las 4 y media de la madrugada, un pescador de un pueblo cercano que se encontraba en el muelle con unos amigos empezó a escuchar gritos de socorro y llamó a la policía. Consiguieron rescatar a 10 supervivientes, entre ellos a esta familia. Los otros viajeros no corrieron la misma suerte.

Esta es una historia real que ilustra una parte de los problemas a los que se enfrentan los refugiados que quieren a toda costa salir de su país para buscar una oportunidad mejor. La ruta a Grecia dura 90 angustiosos minutos que sirven para intentar buscar un lugar seguro para vivir.




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