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Una niña afgana pasa un chequeo médico en una sala donde se alojan los solicitantes de asilo en Berlín, Alemania. UNHCR/Gordon Welters.

La figura del asilo se refiere a una práctica mediante la cual un Estado garantiza la protección, el amparo y la asistencia de aquellas personas que han huido de su país de origen por diversas razones, generalmente relacionadas con la violación de uno o varios de sus derechos fundamentales.

Aunque suele asociarse al plano netamente político, en realidad se trata de un recurso más amplio, que también engloba a quienes sufren persecución por su raza, religión, nacionalidad, pertenecer a un determinado grupo social o por sus opiniones políticas.

La petición de asilo se realiza a un segundo o tercer país que ofrezca las garantías de seguridad y protección que el Estado del que procede el solicitante no está en condiciones de brindar. Generalmente, este país realiza un estudio pormenorizado de la solicitud y, al final del proceso, emite un veredicto positivo o negativo.

En la actualidad, las cifras de solicitudes de asilo son directamente proporcionales a las crisis humanitarias que se registran en algunas regiones, como por ejemplo en África u Oriente Medio. Diferentes organizaciones humanitarias, entre las que se encuentra ACNUR, calculan que el año pasado había más de 2 millones de solicitantes de asilo en el mundo 





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Orígenes del asilo: la protección del extranjero

Aunque se trata de una figura relativamente reciente, encontramos los primeros antecedentes del asilo en los pueblos nómadas de la Antigüedad, quienes ya mostraban un amplio sentido de la hospitalidad hacia los extranjeros que huían de guerras y otras situaciones adversas .

Más adelante, su objetivo fue salvaguardar a aquellas personas que huían de la ira de los gobernantes de turno, para lo cual se les daba refugio en iglesias, monasterios y casas de culto. Pero al llegar el movimiento de la Reforma (S.XVI), las cosas cambiaron y se dio prioridad a los perseguidos por razones políticas e ideológicas.

Fue así como adquirió la connotación política que ahora conocemos. Sin embargo, más tarde el concepto se amplió hasta dar origen al denominado asilo humanitario, que es el nombre que recibe la práctica de tener refugiados en un país. Este asilo lo conceden ciertos países a inmigrantes que se ven obligados a abandonar su país de origen al correr peligro por las razones nombradas anteriormente

¿Cuál es el procedimiento que se sigue para conceder el asilo?

Las guerras son un escenario que obliga a que cientos de personas soliciten la figura del asilo en terceros países. Sin embargo, solo una minoría lo consigue.

Esto se debe a que cada país tiene la potestad de conceder el asilo a aquellas personas que cumplan con las exigencias previamente fijadas. Sin embargo, dichas exigencias varían de un Estado a otro; no existe unificación de criterios.

En cambio, sí hay unidad en torno a los compromisos internacionales suscritos por la mayoría de los países del mundo, como la Declaración de los Derechos Humanos y la Convención de Ginebra.

En ambos documentos se reconoce el derecho al asilo tanto por razones políticas como humanitarias. Además de dejar claro que cualquier persona puede beneficiarse de esta figura siempre y cuando cumpla con unos requisitos, reiteran la obligación moral de los Estados de prestar protección y acogida a los refugiados que sean perseguidos.

Otros documentos que también reconocen el asilo como derecho son la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (1948), la Convención Americana de Derechos Humanos (1969), la Carta Africana sobre Derechos Humanos (1981) y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2007).

 



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