Desde que se inició la guerra de Siria, hace ya cinco años, Brasil ha sido uno de los países que mayor compromiso ha demostrado con los refugiados.

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Según ACNUR, el país sudamericano ha acogido a un total de 4.300 refugiados, siendo el área metropolitana de São Paulo la que mayores cifras registra hasta el momento y en la que muchas familias han logrado reconstruir sus historias de vida.

No obstante, esta circunstancia no es nueva en Brasil. En realidad, la acogida ha sido una de sus principales tradiciones desde el siglo XIX, cuando el país abrió las puertas a miles de emigrantes europeos, árabes y asiáticos que ampliaron aún más la diversidad social que quedó tras los siglos de colonia portuguesa.

Además, en su territorio conviven ciudadanos de casi todas las nacionalidades de la región sudamericana, especialmente de Bolivia, Argentina, Paraguay y Perú, así como de países africanos como la República Democrática del Congo y Angola.

Brasil y Siria, unidos por lazos históricos y culturales

Otra razón que explica parte de esa respuesta de Brasil hacia las familias de refugiados son los lazos históricos y culturales que unen a los dos países, pues los sirios también formaron parte del proceso de migración de los siglos XIX y XX.

Las personas que han llegado al país en los últimos años lo han hecho gracias a una serie de gestiones diplomáticas en las que se incluyen el traslado a terceros países y el derecho a recibir una atención adecuada.

De hecho, una vez que pisan suelo brasileño, el Gobierno les proporciona la documentación necesaria para acceder a los servicios públicos básicos, como la sanidad y la educación de los menores, y los orienta en otras cuestiones, como la búsqueda de alojamiento y la formación para el empleo. Cuando es necesario, les proporcionan ayudas adicionales.

Los sirios que ya llevan varias décadas radicados en Brasil han sido una pieza clave para la integración de los recién llegados, pues los incorporan a las redes solidarias con el propósito de hacerles más fácil su estancia, al menos en los primeros años.

Fiesta de la diversidad cultural de refugiados e inmigrantes

Aunque los retos para Brasil en temas de integración siguen siendo muchos, el país es un referente regional en convivencia y diversidad.

Además de atender a los recién llegados, el país celebra habitualmente la presencia de ciudadanos de otras culturas y sociedades, tal como queda reflejado cada año en la ya tradicional Fiesta de la Diversidad Cultural de Refugiados e Inmigrantes, que tiene lugar cada julio en la ciudad de São Paulo.

En ella se dan cita artistas, dramaturgos, músicos, bailarines, coreógrafos y diversos representantes de las comunidades de refugiados e inmigrantes que viven en Brasil. La idea del evento es doble: mostrar las tradiciones típicas de cada país y, a la vez, realizar un intercambio que pueda beneficiar a las comunidades involucradas.

La de julio pasado fue la edición número 18 de un festival que ya tiene arraigo entre la población foránea y que año tras año ve como crece el interés en torno a sus eventos, celebraciones y demás actividades.

En esta ocasión, aparte del programa habitual, la Fiesta de la Diversidad Cultural abrió espacios para la discusión, la información y la sensibilización sobre la necesidad de atender las principales demandas de los refugiados y los inmigrantes.

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