Canadá ha sido el primer país en acoger a los 25.000 refugiados sirios con los que se comprometió el año pasado. Llegaron hace apenas un mes. Sin embargo, no es el único en América que ha puesto en marcha una política de puertas abiertas para las familias que huyen de la guerra en Siria.

El Gobierno de Brasil ha sido uno de los más comprometidos de la región con la ayuda y la acogida de estas personas. Desde el año 2013, sus consulados en Oriente Próximo han permitido que las familias que huyen de los diversos conflictos existentes en la zona lleguen al país sudamericano en calidad de asilados.

En la actualidad, cerca de 2.200 ciudadanos, mayoritariamente de origen sirio, se han beneficiado con la medida, la cual se mantendrá vigente durante los próximos dos años. En ese plazo, se espera la llegada de otros 6.000 refugiados.

 





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“Estoy feliz de tener un trabajo otra vez”

Khaled Dacka llegó a São Paulo el año pasado. Vino siguiendo la estela de su hermano menor, Kamal, que unos meses antes, estando ya en el campo de refugiados de Za’atari, había solicitado asilo para comenzar una nueva vida en Brasil.

Fue él quien ayudó a Khaled para que se beneficiara del programa especial de visados del Gobierno brasileño. Cuatro meses después llegaron Yara, la mujer de Khaled, y sus hijos, entre ellos la pequeña que había nacido en Za’atari.

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A todos se les ha concedido asilo y ahora viven en un apartamento de São Paulo, una de las dos ciudades más importantes del país. Aprovechando su experiencia como dependiente en un negocio de divisas que administraba antes de la guerra en su ciudad natal, Idlib, Khaled se ha empleado ahora en una fábrica que produce escudos acrílicos y otros equipos de protección.

“Estoy feliz de trabajar otra vez”, afirma satisfecho. “Los hornos desprenden mucho calor, pero vestimos ropa protectora. No está tan mal”, asegura.

Su hijo mayor, Mustafá, de 16 años, ha encontrado empleo en una tienda de accesorios para teléfonos móviles. Entre tanto, su hija Hanan, de 12, estudia en un colegio de la ciudad, donde ha sido bien acogida por sus compañeras.

“Cuando llegas a Brasil, te vuelves a convertir en un ser humano”, continúa Khaled. “Hacía mucho tiempo no me sentía tan bien”.

Río de Janeiro, testigo de un reencuentro familiar

Los hermanos Armin (24 años), Abd Alrahman (22), Ebraheem (20) y Younees (5) se separaron tras el inicio de la guerra en Siria. El primero y el tercero huyeron al Líbano en busca de protección, mientras el resto de la familia decidió esperar allí.

El objetivo inicial era solicitar asilo en alguna de las embajadas en Beirut, la capital, pero no tuvieron fortuna. Hasta que alguien les recomendó ir a la Embajada de Brasil, donde iniciaron los trámites para ser trasladados. Finalmente en 2013, los hermanos llegaron a São Paulo con el deseo de rehacer su vida.

Tras adaptarse y encontrar empleo, lograron que sus padres siguieran la misma ruta un año más tarde. El único que faltaba era su hermano Abd Alrahman, al que habían obligado a unirse al ejército para combatir a los grupos rebeldes.

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Sin embargo, en cuanto pudo desertó y cruzó la frontera con Turquía. En Ankara, la capital, inició la solicitud de asilo que semanas más tarde le fue concedida por parte de las autoridades brasileñas.

Abd Alrahman llegó a Río de Janeiro casi un año y medio después que sus hermanos y cuatro desde que la familia se separó en Siria por culpa de la guerra. Sin embargo, el país sudamericano fue testigo de su afortunado reencuentro.

 



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