Diana tiene 10 años, es siria y nació con una parálisis cerebral grave. Su familia decidió huir del país y para ello vivieron un largo y peligroso viaje. En este post queremos hablarte de cómo la salud de los refugiados se relaciona con su calidad de vida.

Después de viajar durante casi un mes a través de los desiertos de Sudán y Egipto, Diana y su familia subieron junto con otras muchas personas en una pequeña y frágil embarcación. Para esta familia, viajar fue todavía más complicado, ya que tenían que cargar con sus pertenencias y con la medicación de Diana. Antes de su huida, la familia vivía en el campo de refugiados palestinos de Yarmuk, en Siria, un campo de 18.000 personas que ha sufrido incluso ataques y bombardeos. Los padres de nuestra protagonista creyeron que su hija estaría mucho mejor alejada de los atronadores ruidos de la guerra, y además su medicación era muy difícil de encontrar y la comida, escasa.

El padre de Diana se marchó en 2013 con el fin de buscar un sitio mejor en Europa para su familia, por lo que su madre y su hermano tuvieron que luchar por sacarla adelante. El año pasado decidieron que tenían que salir de Siria y, por ello, a principios de 2015 optaron por cruzar el mar Mediterráneo, al igual que otras 137.000 personas.





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Tomar la decisión de iniciar un viaje tan largo es difícil para cualquier padre que busca una solución mejor para sus hijos, pero todavía lo es más cuando influye la calidad de vida relacionada con la salud, como en el caso de Diana, que está en constante riesgo de sufrir convulsiones. “Estaba preocupada por si a mi hija le daba un ataque y no era capaz de calmarla”, nos cuenta Amal, su madre. “Cuando tenía ataques en Siria la llevaba con la ayuda de mi hijo al hospital, donde le inyectaban Valium para calmarla”.

Pero Amal no es la única que se preocupa por Diana. Su hermano de 17 años, Abdo, también se encarga de su cuidado. Están muy unidos y él la protege siempre que puede. Durante su travesía por el desierto, Abdo jugaba con Diana y bailaba y daba palmadas para entretenerla. Además de soñar con una vida mejor para su familia, siempre ha querido ser abogado. “Lo que más me gusta de Diana es su buen corazón. Es muy amable, te besa, juega contigo… te hace quererla”, nos cuenta Abdo.

calidad de vida relacionada con la salud

A pesar de que Diana ha vivido momentos muy difíciles, sobre todo por su enfermedad, es una niña muy risueña. Sonríe, te da la mano y aplaude cuando suenan sus canciones favoritas. Simplemente le encanta divertirse, pues es una forma de olvidar todas las situaciones adversas que ha vivido.

Su madre sabe que no hay cura para la parálisis cerebral; por eso, solo quiere que su hija reciba un buen tratamiento médico y que pueda asistir a una escuela en la que la ayuden a desarrollar sus habilidades comunicativas. “Parte de su tratamiento pasa porque ella pueda comprender a otras chicas y jugar con ellas. Cuando veo a otras niñas de su edad, lamento que mi hija no pueda jugar con ellas”.

La última vez que vimos a esta familia se subían a un tren en Sicilia rumbo a Milán, una nueva fase del camino que les llevará a una vida mejor.





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