Tiempo estimado de lectura: 2 minutos.

En el campo de refugiados de Mbera, en una región limítrofe con Mali, se encuentran más de 130.000 personas que han huido de este país después de los conflictos que comenzaron en este país en 2012. Allí pasan las horas y matan la tristeza cantando letras que se centran en el exilio, la lucha, el amor y en tomar conciencia sobre estas situaciones. Grupos de personas se reúnen para recordar sus raíces a través de canciones llenas de tristeza pero también de esperanza. Todas estas melodías, aunque tienen un trasfondo triste, son el canto de aquellos que no se dan por vencidos.


Descarga la guía 'Anatomía de un campo de refugiados'


Tomar conciencia refugiados

Amano AG Issa es una de esas personas que relata a través de su música las grandes historias de la cultura tuareg. Toca un laúd tradicional de la zona llamado tehardent, pero lo hace desde antes de que estallase la guerra. En 1994, como consecuencia de los disturbios en Mali, nuestro protagonista fundó el grupo cultural Tartit en un campo de refugiados como este y se fue de gira por todo el mundo llevando su música a los oídos de quien quisiera escucharla.

El grupo sigue en activo hoy en día, aunque ahora se llama Tadiazt y está compuesto por Amano y sus siete hijos. Ellos volvieron al campo de refugiados tras los episodios violentos vividos en Bamako en 2013 y siguen transmitiendo estas historias a través de su música. Estas son sus vivencias:

“Hombres con grandes tareas para la comunidad, no hay lugar para los cobardes!
Esta canción no es una broma, no es una casualidad!
Es para recordar a aquellos que dieron su sangre para defender nuestra cultura.
Es la historia de Tombuctú”

tomar conciencia

Attaye AG Mohammed es otro cantante y guitarrista de 35 años de edad que se encuentra en este campo de refugiados. Llegó allí porque los rebeldes atacaron en 2013 su casa en Léré, en la región de Tombuctú, y tuvo que huir al oeste de Mauritania. En 1999 fundó Tassake después de pasar seis años en Libia buscando nuevas oportunidades tras la sequía de su país. Allí entró en contacto con bandas de blues del desierto, que le sorprendieron por la fuerza de sus letras, y comenzó a contar él también historias sobre su propio exilio. Desde entonces, es su guitarra la que habla con él. La llama la voz del alma y cuenta historias que están muy vivas.

El objetivo de estos grupos de refugiados es volver a casa en paz cuanto antes, aunque parece que las previsiones no son buenas. Mientras tanto, siguen recordando sus raíces con sus voces y sus instrumentos, entonando letras tan profundas como esta, que a ellos les permite mantener vivo el recuerdo de sus hogares mientras esperan la oportunidad de volver a ver su tierra y a nosotros a tomar conciencia de su situación.

“Todo lo que hemos vivido en nuestro viaje nos ha marcado y ha dejado recuerdos imborrables en nosotros.
El exilio es una imposición inevitable que obliga a las personas a huir de sus hogares.
Pero nada en la vida puede llevarse el amor que uno siente por su país de origen”.
“Hermanos, la masacre de Léré no se puede olvidar.
Yo canto por Léré. Allí dejé todo”.

Descarga guía Anatomía de un campo de refugiados