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Mauritania es otro país marcado por los refugiados. Alrededor de 1.500 personas han tenido que huir de uno de los conflictos africanos más beligerantes de los últimos tiempos. Budiaki es una de ellas. Ahora, trata de ayudar a mujeres como ella a mejorar sus condiciones de vida y lograr una independencia que hace mucho que no tienen.

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La huida de Budiaki

Budiaki tenía solo 15 años cuando los enfrentamientos en la República Democrática del Congo hicieron que tuviese que abandonar a su familia. “Salía del colegio cuando vi un grupo de hombres armados. Corrí a casa, pero al llegar vi que ya la habían asaltado”.

Durante un tiempo, se ocultó en los barrios pobres de la ciudad para sobrevivir, pero pronto se dio cuenta de que la mejor opción era huir. Se embarcó en un peligroso viaje a través del río Congo y se las arregló para encontrar trabajo en un club nocturno, donde conoció al que hoy es su marido, Oumar.

Con la ayuda de la familia de Oumar, lograron escapar de la República Democrática del Congo y empezar una nueva vida en Mali. Sin embargo, todavía había retos que superar. La familia de su marido era muy tradicional y no permitía que las mujeres fueran a la escuela. Además, eran partidarios de la mutilación genital femenina. Budiaki acababa de tener una niña, y la amenazaban con mutilarla. Tuvo que huir de nuevo.

Conexión para los refugiados

refugiados
ACNUR/Agron DragajBudiaki

Finalmente, llegó a Mauritania, donde ACNUR la ayudó a empezar de nuevo. Pudo inscribirse en el Centro de la Mujer y ahora ayuda a otros refugiados a aprender informática, cocina, costura y moda. “Nunca olvidaré la sonrisa de una de las estudiantes cuando por primera vez se abrió una cuenta de Skype”.

Hoy en día, es una formadora cualificada que enseña tecnologías de la información y actúa como representante de las mujeres refugiadas que viven en Nuakchot. Da clase tres veces por semana y en la actualidad ayuda a otras cinco mujeres a localizar y a comunicarse con sus familiares en el extranjero, mostrándoles cómo abrir una cuenta de Skype y cómo usar la web.

“Sé lo que se siente cuando uno no sabe dónde están sus parientes y tienen ganas de comunicarse con ellos” —explica—. Por eso decidí ayudar a otras personas a encontrar a sus familias”.

Lamentablemente, Budiaki sigue buscando a su propia familia, de la que sigue sin tener noticias 17 años después de huir. “No sé si alguna vez volveré a ver a mis hermanos. Ahora tengo mi propia familia aquí en Mauritania. Estoy pensando en continuar mi formación y aplicar mis conocimientos de informática a la gestión de recursos humanos”.

La historia de Budiaki es la de una huida, pero no es la de la resignación, ya que se ha adaptado a su nuevo hogar y ayuda a otras personas como ella a valerse por sí mismas y a utilizar internet en la búsqueda de sus raíces. Su historia nos da una lección de superación, y estamos seguros de que no acaba aquí.

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