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La lógica habitual del mercado afirma que las empresas, ya sean de carácter público, privado o mixto, se constituyen para generar beneficios.

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Sin embargo, esa no es su única razón de ser. Además de las ganancias que obtienen por el desarrollo de su actividad, las empresas tienen un compromiso con el entorno en el que operan y con el desarrollo social.

A ese modelo de gestión pertenecen las empresas solidarias, que no son otras que aquellas que promueven prácticas responsables, justas y equitativas tanto dentro de ellas —con sus trabajadores— como con la sociedad en general.

Por ejemplo, independientemente de la actividad a la que se dediquen, una empresa solidaria contribuye con causas solidarias o de cooperación en entornos vulnerables, crisis humanitarias o emergencias sociales.

¿Cómo convertir mi organización en una empresa solidaria?

Lo primero que debe hacer una empresa interesada en adquirir el rótulo de empresa solidaria es incorporar a su filosofía corporativa valores afines a esta práctica, como son la cooperación, la ayuda al desarrollo, la justicia social, la transparencia y el cuidado y la conservación del medioambiente.

Plasmado esto en el plan de empresa y asumido como tal en su día a día, es preciso traducirlo en acciones concretas que pongan en práctica estos valores. Ello se puede lograr de diversas formas. Repasemos las más habituales:

  • Financiación de proyectos de cooperación internacional. Sea cual sea el campo de trabajo de una empresa, la acción solidaria siempre es compatible con él. Y aún lo es más cuando se trata de desplegar planes de protección o acogida en el contexto internacional, sobre todo en zonas o regiones golpeadas por crisis extremas o situaciones de emergencia humanitaria.
  • Donaciones en especie. Es otra forma de acción solidaria. Las empresas no aportan dinero para las causas, pero sí material de apoyo o recursos tangibles de cara a su desarrollo. La mayoría de las veces se trata de productos o servicios que las propias compañías producen; en otras ocasiones es material obtenido a través de terceros.
  • Estrategias de marca conjunta. La acción solidaria también puede llevarse a cabo por medio de estrategias conjuntas, es decir, de dos o más empresas. En esos casos, las compañías se unen por una causa común y colaboran para que se restablezca una determinada situación o se alcance un objetivo concreto, tal como sucedió tras el terremoto de Haití en 2010.

 

Ser una empresa solidaria: ¿qué beneficios tiene?

Además de convertirse en un motor de desarrollo social en el entorno en el que operan, las empresas solidarias ofrecen claros beneficios:

  • Aumentan el prestigio de las marcas y los productos. Los consumidores valoran de forma positiva que parte de los beneficios de una empresa se destinen a causas sociales o a contextos desfavorecidos.
  • Transmiten credibilidad. Las empresas con compromiso solidario generan mayores índices de confianza entre los consumidores.
  • Impulsan procesos más transparentes. A la vez, contribuyen a que en su entorno predominen prácticas éticas y responsables, pues se las exigen a todos aquellos que se relacionen con ellas.
  • Promueven el desarrollo humano. Es quizá lo más importante del asunto: estas empresas ponen el desarrollo humano en el centro de su gestión, es decir, como una prioridad y un objetivo al mismo tiempo.

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