Los derechos de la mujer embarazada se derivan de la Declaración de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, y de las posteriores declaraciones y convenciones que la ONU ha adoptado para visibilizar los derechos de la mujer sin distinciones de raza, edad, origen, nacionalidad, religión o condición social.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos emplea un lenguaje neutral al referirse a los 30 principios que deben garantizar los Estados y las naciones. Son derechos que se aplican de igual manera a varones, mujeres y niños en todo el mundo.

Sin embargo, tras el protagonismo que adquirió el movimiento feminista en la década de los 70 y los problemas específicos que aquejaban a millones de mujeres en todo el mundo, fue necesario abrir nuevos espacios de participación y diálogo de cara a la búsqueda de soluciones eficaces.

Hasta la fecha se han realizado cuatro ediciones de la Conferencia Mundial sobre la Mujer: México D. F. (1975), Copenhague (1980), Nairobi (1985) y Pekín (1995). Aparte, se han elaborado declaraciones puntuales para aumentar el compromiso de los países hacia la protección de los derechos de la mujer en el mundo.





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Del plano universal al plano local

La mujer embarazada tiene derecho, por tanto, a la integridad, la seguridad y a unas condiciones dignas y salubres para la sana evolución de su estado, la atención del parto y el proceso de recuperación o de posparto.

Sin embargo, y pese a que desde el año 1791 existe una Declaración Universal de los Derechos de la Mujer, que fue redactada por Olimpia de Gouges, los derechos de la mujer y de la mujer embarazada dependen del nivel de compromiso que muestren las sociedades y los gobiernos en distintas partes del mundo.

Algunos de ellos las han institucionalizado y posteriormente las han traducido a leyes, códigos, normas y reglas de obligado cumplimiento. Otros, por el contrario, se niegan a reconocer tales nociones y no las aplican.

De este modo, cuestiones como la igualdad, la conciliación laboral, el sufragio y el embarazo se abordan desde el marco jurídico y legal de cada país o, a lo sumo, de cada zona, aunque con el seguimiento y la observación de organismos como las Naciones Unidas y otras organizaciones vinculadas a este campo.

derechos de la mujer embarazada

Las mujeres embarazadas y los contextos de guerra

Las situaciones de guerra que se presentan actualmente en zonas como Siria, Libia, Sudán, República Centroafricana y Colombia, entre otras, dificultan la protección de las mujeres embarazadas y de las mujeres en general.

En sus largos desplazamientos hacia zonas más seguras, ya sea dentro o fuera de sus países, son más propensas a sufrir acoso, explotación y violencia sexual. Muchas de ellas parten de sus sitios de origen embarazadas o acompañadas de sus hijos pequeños, lo cual las expone a todo tipo de riesgos.

No obstante, en los últimos años se han incrementado los casos de mujeres y niñas que sufren violencia sexual durante su ruta migratoria y quedan embarazadas o caen en redes de explotación sexual. Así lo señalan algunas organizaciones que trabajan en los campos de refugiados o en los puntos neurálgicos de los conflictos.

“Las mujeres y las niñas refugiadas corren más riesgos de sufrir violencia sexual y abusos”, señala un portavoz de uno de los centros de atención a refugiados en Tovamik, Croacia. “A veces esto también ocurre en centros de acogida atestados, o en otros lugares como parques, plazas y estaciones de tren, donde se suelen congregar los inmigrantes en su tránsito hacia nuevos destinos”, agrega.

Aunque en estos campos se garantiza un mínimo de atención, es difícil velar por la seguridad de las mujeres y las niñas que llegan día a día. Los recursos siguen siendo insuficientes y muchas veces las condiciones no son favorables para ello.





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