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En diciembre pasado, los organismos de atención de la isla griega de Lesbos fueron testigos del nacimiento de la pequeña Samar, una bebé de origen sirio cuya madre superó múltiples obstáculos en su huida desde Beirut, en el Líbano, y al pisar suelo europeo tuvo que ser sometida a una cesárea.

Ahlam, la madre de la niña, dio a luz —sin saberlo— a la refugiada número un millón llegada a las costas europeas por vía marítima durante 2015.

Aunque el invierno ha hecho que disminuya la llegada de nuevas embarcaciones a través del Mediterráneo, el número de personas que son atendidas en las costas de Grecia, Italia, Turquía y otros países del sur de Europa sigue siendo alto. Se cree que diariamente llegan unos 2.000 refugiados, casi todos de origen sirio.

De esa cifra, más de la mitad son mujeres con niños o embarazadas, que  reciben atención en los campos de refugiados. Muchas de ellas han sufrido algún tipo de violencia sexual durante la travesía, bien porque son forzadas a ello o bien porque las redes de trata así se lo exigen como forma de pago por visados o traslados.





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Sobrevivir para dar a luz

Ahlam y su marido ya se habían convertido en refugiados en el año 2011, justo cuando estalló la guerra de Siria. Se refugiaron en Beirut con su única hija, Saher, y decidieron esperar a que las cosas mejoraran.

Sin embargo, los ahorros con los que contaban se agotaron pronto y no consiguieron la estabilidad que anhelaban. Pasaron a formar parte del 70% de los refugiados sirios que viven bajo el umbral de la pobreza en el Líbano, un pequeño país que ya se encuentra al límite de su capacidad de acogida.

dar a luz

Fue así como a finales de 2015 emprendió la travesía hacia Lesbos. A escasas semanas de dar a luz, atravesó la parte nororiental de Siria y, tras dos días de largas caminatas, llegó a la frontera con Turquía. En ese punto, solo tenía dos opciones: esperar a que la policía la detuviera o subirse a un barco que la llevara a Lesbos. Aferrada a su hija Saher y a dos bolsas con ropa y comida, eligió lo segundo.

“Oíamos hablar mucho de los náufragos. A todos nos preocupaba”, confiesa Ahlam. “No creí que lo lograríamos”.

Ahlam y su hija Saher llegaron junto a otras 43 personas el 29 de diciembre de 2015. La alegría del desembarco se diluyó rápidamente, pues los organismos de acogida vieron que era necesario practicarle una cesárea. El bebé, que se había dado la vuelta en el vientre, nació ese mismo día a las 15 horas.

Mahdia: Nacer en medio del camino

Fatima, de 19 años, no contó con la misma suerte que Ahlam. Su bebé, una niña a la que llamó Mahdia, nació en un hospital de Estambul unas semanas después de haberse ido de la ciudad de Kunduz, en Afganistán.

dar a luz

En realidad, su paso por Estambul fue transitorio. Nada más recuperarse, inició su viaje hacia la isla de Lesbos, que era el destino que había elegido junto a su marido y otros familiares. Dos semanas después de dar a luz, se subieron a un bote que los llevó a Lesbos, donde fueron atendidos.

Posteriormente, Fatima, su bebé y el resto de la familia fueron trasladados al centro de acogida que el Gobierno de Grecia acondicionó en Atenas. Allí esperan a que la situación en Afganistán mejore para poder retornar: “Me gustaría que Mahdia pueda regresar algún día”, afirma, aunque sabe que de momento es difícil.


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