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Los refugiados saharauis comenzaron a llegar a la región de Tinduf, al oeste de Argelia, desde mediados de los años 70. Allí se asienta, desde entonces, una buena parte de los campos. Las nuevas generaciones aún no conocen su país de origen.

En la actualidad existen cinco campos distribuidos en toda la región: Auserd, Dajla, El Aaiún, Bojador y Smara.

Aunque la cifra varía año tras año, se calcula que en la actualidad estos campos acogen a más de 100.000 refugiados. La crisis humanitaria de esta zona es una de las más duraderas de la historia.

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Los campos de la espera: poco margen de acción

En los últimos 25 años, se han realizado pocos avances para garantizar el retorno de estas familias a sus hogares. También se han tenido dificultades para ofrecer atención diaria y asistencia básica.

Aunque los refugiados buscan cada día nuevas formas de subsistencia, la perspectiva que impera en los campos es una sola: la espera. El margen de maniobra es tan limitado, que dependen casi en exclusiva de lo que les proporcionan los equipos de atención.

Los empleos a los que tienen acceso son precarios y los salarios no alcanzan para cubrir sus necesidades. En los alrededores no proliferan las opciones laborales, por lo que algunos han tenido que adentrarse en Argelia o, en otros casos, migrar a otros países desde donde envían remesas que suponen una valiosa fuente de ingresos para algunas familias. No obstante, solo unos pocos lo consiguen.

La economía de los campos de refugiados depende en gran medida de la cooperación internacional, que en la actualidad ha disminuido por la aparición de otras crisis humanitarias, como por ejemplo la guerra de Siria o los conflictos en Oriente Próximo.

La alimentación, una de las prioridades en la agenda

Esta disminución de fondos ha repercutido en el bienestar de los refugiados que viven en los campos, especialmente en lo que se refiere a su salud alimentaria.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), que suministra 90.000 raciones de comida básica y otras 35.000 complementarias cada mes, ha tenido que reducir el número de productos básicos de la cesta familiar. Además, ha limitado la inversión en programas de educación alimentaria.

Las mujeres embarazadas, los niños y los ancianos son los más perjudicados. En el último año, han aumentado los casos de malnutrición infantil, lo cual, en el caso de los menores, se ha convertido en un serio obstáculo para que asistan con regularidad a los colegios disponibles en los campos.

campos de refugiados saharauis

La fuerza de la naturaleza, otra amenaza

En octubre pasado, las lluvias y las inundaciones que aquejaron al suroeste de la región de Tinduf se convirtieron en una nueva amenaza para los refugiados saharauis que se alojan en los cinco campos allí distribuidos.

No es la primera situación de emergencia de este tipo, pero sí una de las que mayores estragos ha dejado en la zona. Los cinco campos han resultado inundados por completo o de forma parcial. Aproximadamente 5.000 familias se han quedado sin hogar y han visto como se destruían sus reservas de alimentos.

Desde entonces se han realizado sucesivas intervenciones para reacondicionar los campos de refugiados. Las tareas se han llevado a cabo de forma progresiva y según llegaban los recursos. Aún ahora, cinco meses después de las inundaciones, algunas familias continúan alojadas en tiendas de campaña temporales.

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