Tiempo estimado de lectura: 2 minutos.

ACNUR/H. Caux

 

Desde finales de 2011, el Gobierno nigeriano y el grupo insurgente nigeriano Boko Haram protagonizan un conflicto armado que ya ha afectado a cinco millones de personas y actualmente mantiene a más de 180.000 personas refugiadas en países como Chad y Camerún y 2,1 millones de desplazados internos.

Más de la mitad de quienes cruzan las fronteras del país en busca de zonas seguras son mujeres y niñas menores de edad, lo que las convierte en un grupo de población especialmente vulnerable a caer en manos de los bandos en conflicto.

Para Boko Haram, secuestrar mujeres es importante por dos motivos: son las encargadas de educar a las generaciones futuras  del grupo insurgente y, a la vez, pueden venderlas como esclavas para obtener financiación.





Descarga la guía 'Anatomía de un campo de refugiados'




Casos que ilustran la situación de las mujeres nigerianas

El caso más conocido hasta el momento ha sido el secuestro de más de 270 niñas en una escuela de Jibik, al noreste del país, de las cuales 53 lograron huir. La última de ellas, Amina Ali Nkeki, ha regresado a casa hace apenas unas semanas y su testimonio será clave para determinar el paradero de sus compañeras.

Sin embargo, la situación es mucho más compleja para las mujeres nigerianas. Según Amnistía Internacional, hasta el año pasado Boko Haram había retenido a cerca de 2.000 mujeres y niñas en todo el país.

Además de secuestrarlas y venderlas, los miembros de este grupo armado las trasladan a campos o sitios de tránsito improvisados, donde las convierten en esclavas sexuales, las violan, las obligan a contraer matrimonio e incluso las reclutan como soldados para participar en combates contra sus propias poblaciones.

Al margen  de este conflicto, el escenario no es nada alentador para las mujeres nigerianas. La legislación del país es demasiado laxa y permite que, por ejemplo, cientos de niñas sean obligadas a casarse cuando apenas cuentan 12 o 13 años, algo que sucede sobre todo en el sur.

La mutilación genital, un problema añadido

Otro de los problemas que ponen en peligro la seguridad y el bienestar de las mujeres nigerianas es la mutilación genital, es decir, la lesión de los órganos de su aparato reproductor sin justificación médica.

Hasta el año 2011, Nigeria era el primer país del mundo con mayores víctimas directas y potenciales de esta amputación, seguido de Somalia, Guinea y Eritrea. Ese año, al menos 3.840 mujeres solicitaron asilo en los Estados de la Unión Europea por esta causa, que obedece sobre todo a patrones culturales.

La última novedad al respecto se produjo el año pasado, cuando el Gobierno nigeriano anunció la entrada en vigor de una ley que contempla la mutilación genital femenina como delito. Esta decisión ha convertido a Nigeria en el país número 23 de África en prohibir dicha práctica; sin embargo, en otros continúa gozando de aceptación.

A partir de ahora, la lucha no solo deberá centrarse en los aspectos legal y penal, sino también en la pedagogía que debe realizarse desde las instituciones del Estado. Recordemos que el principal obstáculo para reducir los casos de mutilación genital femenina son los patrones culturales ancestrales que avalan tal práctica.





Descarga guía Anatomía de un campo de refugiados