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Es habitual que ahora presenciemos numerosas acciones, iniciativas y campañas contra la discriminación por motivos de raza, género, religión, nacionalidad, ideología o credo, pensamiento político y orientación sexual, entre otros.

Sin embargo, para llegar hasta este punto hemos recorrido un largo camino en el que se han mezclado luchas, cambios sociales y reivindicaciones a lo largo de nuestra historia.

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Principio de no discriminación: ¿de qué estamos hablando?

El principio de no discriminación se refiere a la garantía de igualdad de trato entre los individuos, sean o no de una misma comunidad, país o región. Es decir, vela por la igualdad de derechos y la dignidad de todas las personas.

Durante mucho tiempo, la discriminación se entendió como la cara opuesta del concepto de igualdad. Todo lo que atentara contra esta era considerado un acto discriminatorio y era digno de sanción social y, más tarde, jurídica.

Sin embargo, si bien este enfoque ayudó a visibilizar el problema de la discriminación, al mismo tiempo lo limitó considerablemente. Solo algunos siglos más tarde se amplió su concepción y se le dio una entidad propia: el principio de no discriminación.

Sus orígenes se sitúan en la Declaración de los Derechos del Ciudadano, que tuvo lugar en la Revolución Francesa, aunque entonces el término no estaba del todo precisado. Cuando sí quedó establecido como un principio fundamental de la condición humana fue tras la Carta de los Derechos Humanos de 1948.

No obstante, el que ahora conocemos como principio de no discriminación es el que se contempla en el artículo 14 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, donde se señala que dicho principio tiene que hacerse efectivo en todas las esferas de la vida cotidiana: salud, educación, vivienda, servicios sociales y acceso a bienes públicos.

Este documento, que entró en vigor en 1953, subraya la necesidad de contrarrestar cualquier trato desfavorable para las personas.

La situación de los refugiados y el principio de no discriminación

Los conflictos armados en países como Siria, Yemen, Sudán del Sur y Nigeria, entre otros, han provocado que cientos de miles de personas abandonen sus lugares de origen y acudan a terceros países en busca de atención y refugio.

Sin embargo, no siempre lo logran. Al margen de lo inciertas que resultan las rutas de desplazamiento, los refugiados chocan de frente con leyes discriminatorias o prejuicios sociales que les impiden integrarse plenamente en los sitios de acogida.

Este no es un asunto menor. En la mayoría de los casos, las personas refugiadas lo han perdido todo y llegan a los lugares de atención en situación de extrema vulnerabilidad, lo que hace necesario un gran despliegue de recursos para garantizar su seguridad y más adelante su inserción social.

Existen distintas formas de integración en un país de acogida. Las más habituales son la educación, la capacitación especializada, el acceso al empleo y, sobre todo, el hecho de que de las autoridades del país reconozcan su condición de refugiado, algo que, además, es uno de los derechos fundamentales de cualquier refugiado.

Bien sea desarrollando proyectos propios o en calidad de socio, ACNUR desarrolla distintas iniciativas en el mundo que promuevan la integración de los refugiados y que garanticen el principio de no discriminación.

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