Hace más de 3.000 años, el territorio que ahora conocemos como Egipto albergó a una de las más grandes civilizaciones en la historia de la Humanidad.

La región era especialmente atractiva debido a la fertilidad de sus tierras, en especial las que se encontraban en la ribera del río Nilo. En torno a este se fueron estableciendo los primeros pobladores, que eran inmigrantes de zonas cercanas, indígenas relativamente pacíficos y sin enemigos declarados.

Eran hombres altos, fuertes, de hombros anchos y con algunos rasgos propios de la raza negra. En un primer momento se asentaron en regiones independientes y fueron gobernados por sacerdotes o guías espirituales, aunque con el correr de los años surgieron disputas entre ellos y se configuraron los dos reinos del primer gran período.

 

El primer Egipto, dos reinos vecinos

En el norte, justo en la zona donde se encuentra el delta del Nilo, se constituyó el reino de Nejeb, también llamado Bajo Egipto, que se dedicó a la agricultura y el comercio. Su rasgo distintivo era una corona roja, truncada y adornada con una cobra.

Más al sur se asentó el reino de Butto, o Alto Egipto, que se dedicó casi en exclusiva a la ganadería y se caracterizó por ser más belicoso que sus vecinos. En este caso, su rasgo distintivo era una corona blanca, alta y con la figura de un buitre.

Sin embargo, las diferencias que existían entre los dos pueblos han hecho que algunos historiadores no consideren estos primeros asentamientos como el origen de lo que más tarde se llamó el gran Egipto. Para ellos, es solo hasta la unificación del Reino Alto y el Reino Bajo cuando empieza a configurarse la historia de esta civilización. 





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Menfis y el período de la unificación

Esta etapa abarca el periodo que se extiende del año 2750 al 2250 a. C. La unificación de los reinos es obra del rey Menes, del Alto Egipto, quien avanza con sus tropas hacia el norte hasta someter a las autoridades del reino del delta del Nilo y se convierte en el soberano de la primera de todas las dinastías que vendrían a continuación.

historia de egipto

La capital se ubicaba justo en el medio de los dos reinos, en un asentamiento llamado Menfis, muy cerca de la actual ciudad de El Cairo.

El faraón surgió como la figura más importante de toda la sociedad, a quien incluso se le atribuían poderes divinos. Era el jefe militar el Estado y el sumo sacerdote, además de ser el responsable de impartir justicia y distribuir el agua y otros servicios básicos. Se apoyaba en una corte de nobles y funcionarios.

Fue uno de los períodos de mayor prosperidad militar, económica, cultural y social de la civilización egipcia. En aquella época, por ejemplo, se construyeron las tres míticas pirámides de Keops, Kefren y Micerinos, así como otras grandes obras que actualmente pueden admirarse en el país.

Del Imperio Medio al Imperio Romano

A partir de allí surgieron varias crisis en las que el poder central se vio desafiado por la incursión de pueblos extranjeros. El Estado se debilitó y tuvo que volver a centralizar sus fuerzas para garantizar el orden y la estabilidad del país.

Una segunda época de esplendor caracterizó el llamado Imperio Nuevo, que tuvo lugar entre el año 1570 y el 1070. En este período se establecieron relaciones con los pueblos originarios de Oriente (lo que ahora es Israel, Siria, Jordania, Irak e Irán) y se consiguieron importantes logros en pintura y arquitectura.

La lucha contra los hititas y, más tarde, la llegada de Alejandro Magno fueron los primeros indicios de la decadencia egipcia. Esto fue aprovechado por los pueblos nubios, sirios, persas y, finalmente, por el Imperio Romano en el año 30 d. C.

En la actualidad, pese a que ha perdido su esplendor de antaño, Egipto es uno de los países más importantes del norte de África y lugar de tránsito obligado para miles de personas que huyen de los conflictos en el resto del continente.



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