Kevork Eleyjian es uno de los 15 refugiados sirios que han comenzado una nueva vida y en un nuevo trabajo en la fábrica Seatply Products Inc. en Montreal, Canadá. Él y sus cuatro hermanos llegaron a este país a través desde Líbano en diciembre del año pasado, gracias a un programa del Gobierno canadiense que ha acogido ya a más de 26.000 refugiados sirios en menos de seis meses.

Esta familia de origen armenio vivía en Alepo cuando la guerra estalló hace cinco años. Allí tenían trabajo, una casa y un negocio propio. Pero en julio de 2012 todo cambió al caer cohetes y bombas sobre esta ciudad siria. Kevork supo que su padre había sido secuestrado por una milicia. “Fue una catástrofe”, nos cuenta. “Nos lo tomamos como si ya estuviese muerto; siempre tuve la sensación de que no le volvería a ver”. Al final, la familia reunió dinero para su rescate y todo salió bien.

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En vista de todos estos problemas, y después de meses de intensos combates que ponían en peligro su integridad, la familia decidió huir de Siria. “No teníamos otra opción. La ciudad estaba rodeada, no teníamos comida”, nos cuentan.

Una de las primeras opciones que se les pasó por la cabeza fue la de llegar a Europa a través de una ruta marítima, que, como sabes, suelen ser peligrosas y cobrarse la vida de muchas personas. Afortunadamente, el Gobierno canadiense les ofreció un camino más seguro para llegar a este país.





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La familia viajó a Canadá a través de un programa de patrocinio privado gracias a la ayuda de un pariente lejano que dirige un restaurante de éxito en Montreal y que participa en una asociación de apoyo a la comunidad armenia local. Esta asociación ha patrocinado a 45 familias de refugiados iraquíes y a 1.400 refugiados sirios. También los ayuda en su primer año en Canadá, dándoles un lugar donde vivir, muebles y otros efectos básicos como alimentos, ropa o transporte. También ayudan a los recién llegados a acceder a los servicios de salud, a encontrar trabajo, a inscribir a los niños en la escuela y a integrarse en su nueva comunidad.

Después de semanas de sufrimiento e incertidumbre, Kevork y su familia llegaron a Montreal, la mayor ciudad de habla francesa del país. Tras cuatro meses, están logrando llevar una vida lo más normal posible gracias a su trabajo en la fábrica durante ocho horas al día, que le permite disfrutar de su apartamento. Además, sus hermanas Lara y Houry, de 22 años, están estudiando francés para adaptarse a su nueva vida.

gratitud Siria

“Para mí fue muy importante encontrar trabajo”, nos cuenta Kevork. “No quiero ser una carga para el Gobierno o para otras personas”. Ahora su sueño es que sus padres también puedan llegar a Canadá para vivir con ellos, una situación que podría suceder dentro de poco.

Esta es la historia de una familia que siente una gran gratitud por haber tenido una oportunidad para salir adelante. Han tenido que huir de su país por el conflicto que lo asola desde 2011, pero gracias a iniciativas privadas y al Gobierno de Canadá han conseguido empezar de cero.





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