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Desde mediados de abril de 2015, cuando Burundi se preparaba para las elecciones presidenciales, miles de refugiados han abandonado el país huyendo de la violencia, que se ha cebado principalmente con la población civil.

Hasta la fecha, se estima que cerca de 250.ooo burundeses han buscado refugio en los países de la zona, sobre todo en Tanzania, que ya alberga a casi 132.000. La lista la completan países como Ruanda (74.000), la República Democrática del Congo (23.000), Zambia (2.000) y Uganda (23.000).

Burundi, que en 2005 implementó uno de los programas de retorno de refugiados más exitosos de toda África, no cuenta con la estabilidad política necesaria para garantizar el retorno de estas personas. Saber que su estancia en el extranjero será larga ha motivado que algunas de estas familias opten por otras soluciones. El objetivo es empezar de nuevo y hacer más llevadero su destierro.

 

Nueva vida en Nueva Buyumbura

Muchos de los burundeses que han llegado a Uganda provienen de Buyumbura, la capital de su país. En un principio fueron acogidos en el asentamiento de refugiados de Nakivale, en el suroeste. Sin embargo, ante las facilidades otorgadas por el Gobierno ugandés para la movilidad y los permisos de trabajo, algunos han decidido dejar los campos y empezar una nueva vida. 

Tanto es así, que en menos de un año han emprendido la construcción de una ciudad cuyo nombre recuerda a la capital de Burundi: Nueva Buyumbura.

sobrevivir

Aunque hasta el momento la nueva ciudad solo cuenta con unas pocas casas de ladrillo de adobe y techos de lonas de plástico o planchas de chapa, se espera que de aquí en adelante el número de sus habitantes aumente. Pese a que no existe un censo oficial, se calcula que al menos 2.500 neobuyumbureses ya viven en ella.

“Solía vivir con algunas de estas personas en Buyumbura, así que tengo varios amigos aquí cerca”, cuenta Étienne, de 30 años, que ahora trabaja en una fábrica de residuos agrícolas en Uganda. “Sueño con formar una familia, construir una casa para nosotros y darles una buena vida”, agrega.



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Anatomía de la nueva ciudad en el exilio

De momento, Nueva Buyumbura cuenta con una escuela, un centro comunitario y un puñado de negocios entre los que destacan un restaurante de comida burundesa, varios talleres, una farmacia y una peluquería.

Las hermanas Odette y Nbela son las encargadas del restaurante, en el que ofrecen platos típicos de la comida de su país con patatas, alubias y matoke (puré de banana). Aunque atienden en una barra improvisada y aún no pueden incluir la carne en el menú, tienen perspectivas de dedicarse a ello.

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“Al menos aquí estoy entre mis compatriotas burundeses”, dice Odette, que se muestra optimista con respecto al futuro de Nueva Buyumbura. “Me siento en casa”.

En la otra punta de la ciudad está Benefise Tuyisenge, de 24 años, quien perdió a sus padres en el último brote de violencia en Burundi. Cuando cruzó la frontera, solo tenía una idea fija: seguir adelante. Ahora es maestro de niños y fundador de la Asociación de Refugiados Huérfanos con Talento.

“Me gusta encontrar nuevas maneras de ayudar a la gente a aprender”, señala. “No sé si alguna vez volveré a Buyumbura, pero aquí nuestro futuro es bueno. Ahora estoy centrado en que los chicos aprendan inglés, el idioma oficial de Uganda”.

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