La conversión a otra religión fue considerada, durante mucho tiempo, un pecado imperdonable  y un motivo de persecución religiosa en la religión yazidí.

Las personas que lo hacían no volvían a ser recibidas en el seno de su comunidad. Esto es lo que podría haber pasado con cientos de mujeres y niñas yazidíes que fueron secuestradas por militantes y obligadas a convertirse al islam durante 2014. Según un informe de Human Rights Watch, casi 1.000 personas fueron liberadas, mientras que otras 3.000 permanecieron en cautiverio.

Persecución religiosa yazidí

UNHCR/Dominic Nahr





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Los miembros de la religión yazidí fueron atacados hace casi dos años por militantes cuyo objetivo, según decían, era purificar la zona de no musulmanes. La religión yazidí prohíbe que alguien que se haya convertido a otra vuelva a su comunidad, pero ante esta situación, los líderes yazidíes han decidido poner fin a esta persecución religiosa, y a partir de agosto de 2015 están permitiendo que las comunidades acepten de nuevo a estas mujeres secuestradas.

Leila es una de ellas. Sentada en su tienda de campaña en las afueras de Dohuk, en Irak, cuenta la historia de su cautiverio. Como su testimonio tiene una estigmatización social muy profunda pide que no haya hombres presentes. Leila recuerda que los combatientes la secuestraron de su casa en Sinjar. A su llegada al cautiverio, se vio obligada a convertirse al islam, a casarse con un hombre y fue violada.

Leila agradece mucho haber podido regresar a su comunidad. “Para nosotros, nuestra tradición es lo más importante”, cuenta. Tras su liberación, fue bautizada de nuevo en la fe, un rito que, a causa de la persecución religiosa, habría sido imposible hace unos meses.

Khidher Domle es uno de los activistas yazidíes que promueven este cambio de paradigma. Tuvo una reunión con el máximo líder espiritual yazidí, Khurto Hajji Ismail, conocido como Baba Sheikh, y le dijo que era necesario trabajar en el proceso del fin de la persecución religiosa. “Le dije que necesitábamos que los consejos religiosos ayudasen a las mujeres que regresaron”, cuenta.

Este no es su único trabajo. Todos los días trata de ponerse en contacto con las mujeres que todavía siguen recluidas. “Nos preguntan qué va a pasar con ellas. Yo les digo que no se preocupen, que no tengan miedo de convertirse al islam, que solo se preocupen por mantenerse a salvo”, Khidher Domle. “Estamos haciendo una importante labor de llamamiento al apoyo de las autoridades yazidíes con el objetivo de ayudar a estas mujeres y niñas, y eso es muy valioso”, cuenta. Gracias a este trabajo, miles de mujeres han podido volver a sus hogares después de meses de cautiverio.

Persecución religiosa Irak

UNHCR/Dominic Nahr

Los que trabajan en este proceso opinan que el cambio de actitud de estos líderes y el fin de la persecución religiosa podría tener varias explicaciones, pero que tal vez el principal motivo es la magnitud de la crisis de los secuestros, que ha afectado a miles de personas. De hecho, el propio Baba Sheikh fue el encargado de recibir al primer grupo de mujeres que escapó del cautiverio, dándoles de nuevo la bienvenida en la fe y en sus propias tradiciones.

Contigo, ACNUR protege a las mujeres refugiadas. Cerca de la mitad de los 60 millones de refugiados y desplazados que hay en el mundo son mujeres y niñas. Contigo, ACNUR puede darles protección y asistencia:






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