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En Nikishino vivían un total de 900 personas antes de que comenzasen los conflictos en el este de Ucrania. Tras las batallas, que se prolongaron durante 6 meses, poco queda ya de esta ciudad. El caos y los restos de sus hogares no fueron un impedimento para que muchas personas regresasen a sus casas unos días después del desastre. Una de ellas es Liuba, que posa delante de su casa en ruinas. Después de buscar los restos de la ropa de sus hijos, intenta pensar en cómo retornarán a sus hogares y recuperarán su calidad de vida.

Calidad de vida Ucrania

Muchos de los que antes tenían sus casas en esta localidad han decidido volver. Portan paquetes de ayuda de ACNUR y otras organizaciones para intentar reconstruir sus vidas. Tatiana Leonova, una de las habitantes, nos cuenta que siempre ha vivido en esa localidad. “Hemos vivido aquí durante 80 años en la misma casa. Mi abuelo fue uno de los supervivientes de la Primera Guerra Mundial”. Desde que llegaron, han conseguido reparar una parte del tejado para intentar volver a la normalidad cuanto antes. Su casa no solo fue destruida durante la guerra, sino que cuando se fueron la saquearon para llevarse todas sus pertenencias; con lo que, debido a la guerra, su calidad de vida pasó a ubicarse en situación precaria. Tienen pensado, cuando llegue el buen tiempo, seguir con las labores de reconstrucción y plantar un huerto, como hacían cuando su vida era más fácil.





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Nastya, de 11 años, vive en una situación similar. Debido a los disturbios, lleva cinco meses sin poder ir a la escuela, no disfrutando de un derecho elemental como éste y renunciando a su calidad de vida. Habría perdido muchos conocimientos si no fuese por una vecina también afectada por el desastre, que le da clases particulares cada noche para que pueda construir su futuro.

A pesar de que estos son algunos ejemplos de personas que han decidido regresar a sus casas durante el desastre, no todos han corrido la misma suerte. Más de 30 vecinos de la localidad viven en un refugio colectivo en los alrededores, donde el peligro no es tan inminente. Una de ellas es Alexandra Leonova, de 91 años de edad, otra superviviente de la Segunda Guerra Mundial. Ella recuerda la época de la guerra y la compara con esta situación. “Tenía 18 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, pero esto es peor porque he perdido todo”.

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ACNUR distribuye ayuda entre las personas que regresan a sus hogares en Nikishino. Los vecinos necesitan materiales básicos para sobrevivir mientras reconstruyen sus casas y tratan de volver a la normalidad. Uno de los objetivos de los vecinos que se han quedado sin hogar y sin medios de subsistencia es autoabastecerse; por eso, su prioridad es construir un huerto que les permita almacenar víveres para el invierno. Así, podrán cultivar alimentos suficientes para poder valerse por sí mismos.

Todas estas personas han sido testigos directos de la guerra, que no solo ha puesto en peligro su integridad física, sino que ha hecho que pierdan sus hogares y su oportunidad de llevar una vida normal. Muchos de los habitantes de Nikishino son niños que, a causa de la guerra, han perdido la oportunidad de crecer como el resto de los pequeños. Han estado sin clase meses enteros y han tenido que salir de sus ciudades para buscar un refugio alejado de los horrores de la guerra.





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