Nadia posa en la casa donde trabaja como sirvienta. Se vio obligado a abandonar la escuela y dejar el campo de refugiados donde vive con su familia. UNHCR / C. Fohlen 

Los niños constituyen uno de los grupos sociales más vulnerables en las situaciones de crisis humanitarias. Dada su dependencia de los adultos y su indefensión, suelen ser más vulnerables a las consecuencias del desplazamiento forzoso, las guerras y las crisis alimentarias.

En la actual coyuntura mundial, cuando cientos de personas huyen cada día de sus hogares, las organizaciones humanitarias advierten que cerca del 36% de los desplazados forzosos son niños, muchos de los cuales ya han perdido a su familia antes de iniciar la travesía hacia zonas más seguras.

La imagen del pequeño Aylan Kurdi fallecido en las costas de Turquía, que fue portada de varios medios de comunicación en el mundo, refleja apenas uno de los cientos de casos que suceden diariamente, y no sólo en las aguas del Mediterráneo oriental.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, (OIM), desde septiembre del año pasado han muerto ahogados en el mar Mediterráneo cerca de 360 niños en su intento por llegar a Europa, la mayoría de ellos bebés de apenas unos meses.





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Huir con miedo: consecuencias en la niñez

El miedo es uno de los sentimientos más comunes y recurrentes en las situaciones de huida forzosa. Las familias que huyen llevan a cuestas la incertidumbre por lo que puede esperarles en el futuro y el temor permanente de perder la vida.

Esta situación deja secuelas graves y duraderas en los niños. Al ser despojados de su hogar y del bienestar que los ha acompañado hasta entonces, el desplazamiento forzoso supone una gran fisura que difícilmente lograrán borrar a lo largo de su vida. Obligarles a  huir es arrebatarles una gran parte de lo que tienen.

El miedo en ellos es diferente, sobre todo porque a edades tempranas no es posible entender lo que sucede en una situación de desplazamiento. Como ejemplo, tenemos lo que sucede en Siria y otros países con crisis similares.

 

¿Cómo gestionar el miedo en los niños refugiados?

Por desgracia, el miedo no desaparece cuando las familias refugiadas llegan a alguno de los campos de refugiados o a otras zonas de acogida. Logran cierta estabilidad, pero el fantasma de lo vivido no se desvanece.

Nyahok, un niño sursudanés que encontró refugio en el campamento de Gambella, en Etiopía, aún recuerda con una mezcla de sorpresa y angustia lo vivido dos años atrás, cuando estalló de nuevo la guerra en Sudán del Sur.

miedo en los niños
Nyahok (al centro) asiste a la escuela primaria en un campamento de refugiados en Gambella, Etiopía. ACNUR/ P.Wiggers

“Había matanzas en todas partes. Nadie estaba a salvo”, cuenta Nyahok. Él y su familia tuvieron que iniciar un largo recorrido que solo concluyó algunas semanas más tarde en la región de Kule, donde recibieron atención.

Una de las claves para que Nyahok y otros 200 niños sursudaneses que han llegado al campamento de Gambella se repongan de las secuelas del desplazamiento forzoso ha sido la educación. Asistir a la escuela todos los días y adquirir nuevos conocimientos les ha permitido retomar su niñez y empezar a cerrar los duelos por lo perdido.

Jael Shisanya, responsable del colegio en Gambella, tiene claro el carácter terapéutico de la labor educativa en los niños refugiados: “Permanecer en el colegio los protegerá y les permitirá continuar con  la formación que muchos de ellos ya han iniciado. Además, les ofrecerá oportunidades para ganarse la vida”, afirma.





Guía Educación de los niños refugiados