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En 2015, más de un millón de personas llegó a Europa buscando auxilio tras tener que dejar sus casas y sus países. A pesar de que cada día llegaban oleadas de cientos de refugiados para buscar una oportunidad mejor en el viejo continente, Europa se estremeció con hechos puntuales, como los naufragios (recordemos la muerte del pequeño Aylan) u otras muertes en ruta.

Las duras condiciones de viaje de los refugiados

Refugiados

Aylan no fue el único perdió la vida en su ruta hacia una vida mejor. Se calcula que unos 2.000 niños fallecieron el año pasado en su intento por alcanzar el viejo continente. La mayoría viajaba con sus familias, que dieron todos los ahorros de una vida a traficantes de personas que hacen de esta situación desesperada un negocio y cobran cantidades desorbitadas por organizar viajes muy peligrosos. En concreto, las rutas por mar ponen en peligro la vida de cientos de refugiados.





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Xenofobia: un problema creciente

Cuando un refugiado llega al viejo continente (si lo logra), se suele enfrentar a problemas de integración. Muchas personas no quieren contar en su empresa con personas que no hablan el idioma o que no cuentan con una convalidación de sus títulos en ese país. Los más pequeños en ocasiones tienen dificultades para acceder al sistema escolar de sus países de acogida, tanto por temas lingüísticos como por diferencias culturales o temas administrativos. Sin embargo, los niños son los que mejor se acaban adaptando a estos cambios, aprendiendo rápidamente el idioma e integrándose por completo en la sociedad.

 

Otras formas de tratar a los refugiados

refugiados

En este sentido, Alexander Betts, profesor de inmigración en la Universidad de Oxford, apuesta por cambiar la forma en la que se ve a estas personas proponiendo cuatro alternativas:

  • Entornos propicios: Se centra en la idea de que los refugiados son seres humanos que únicamente están pasando por una situación extraordinaria. Por eso, apuesta por que se les dé la oportunidad de trabajar y llevar una vida lo más digna posible, que puede aportar ventajas claras tanto para los refugiados como para el país que los recibe.
  • Zonas económicas: Implicar a los refugiados en la economía del país anfitrión creando zonas económicas en las que puedan participar para que consigan integrarse al máximo.
  • Preferencia concordante: Preguntar desde los gobiernos y otras instituciones a los propios refugiados sobre cuál creen que es la mejor solución para ellos y utilizar esta información para conseguirles buenas oportunidades.
  • Visados humanitarios: Alexander cree que muchas de las situaciones caóticas vividas con la llegada de refugiados podrían haberse evitado. Por ejemplo, el hecho de que los refugiados tengan que iniciar viajes tan peligrosos podría evitarse dejándoles acceder libremente a los países de destino a través de lo que denomina visado humanitario, que se podría obtener en una embajada o consulado para evitar situaciones como las que seguimos viviendo en Europa durante este año, en las que los refugiados siguen poniendo en peligro sus vidas.

Estas son solo cuatro propuestas que pueden llevarse a cabo para tratar de evitar muchos de los problemas con los que se enfrentan los refugiados, pero, como vemos, todavía queda mucho por hacer para dar a estas personas la oportunidad que merecen dentro de Europa.





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