Las primeras familias de refugiados saharauis llegaron a los campos de Tinduf, en el sur de Argelia, a mediados de los años 70. Huían de las acciones armadas que tuvieron lugar en el Sáhara Occidental tras la retirada de España.

Aunque los cinco campos que se instalaron en la región tenían carácter temporal, muchos de los refugiados han pasado los últimos 40 años alojados allí esperando un acuerdo político que facilite su retorno.

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Tinduf, los refugiados saharauis y la hostilidad de la zona

Además de los efectos negativos derivados del desplazamiento forzoso y el exilio, los refugiados saharauis deben hacer frente a las condiciones adversas que imperan en la región de Tinduf, cuyo terreno desértico parece una metáfora adecuada para describir sus perspectivas de futuro.

Es una de las regiones más inhóspitas del planeta. Las temperaturas alcanzan los 50 grados en los meses de verano y el acceso a los recursos básicos es limitado. Son las ayudas de los organismos internacionales los que mantienen en pie los campamentos.

Teniendo en cuenta los movimientos de población, como los ocasionados por las inundaciones del pasado año, los organismos humanitarios calculan que en la actualidad conviven en los campos un total de 100.ooo personas.

Ya son casi dos generaciones de saharauis las que han nacido y crecido en Tinduf y que, con el correr de los años, deben redoblar sus esfuerzos para tener tanto ellos como sus familiares una vida digna. Sin embargo, pese a que muchos reciben formación fuera de allí, casi todos terminan en un punto de no retorno.

pueblo saharaui situacion actual

Opciones de futuro: la creatividad como motor de cambio

Pese a que en los últimos años la disminución de los recursos ha sido notable, en parte por la aparición de nuevas crisis de refugiados como el de Siria, la ayuda de las ONGs y agencias de Naciones Unidas y acogida sigue siendo fundamental.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA), por ejemplo, suministra 90.000 raciones alimentarias generales y 35.000 suplementarias a las familias más vulnerables cada mes. El valor nutricional de cada cesta es de 2,16 kilocalorías.

Asimismo, los programas de educación, economía doméstica y sanidad se orientan al desarrollo de iniciativas que promuevan la autosuficiencia y la autonomía financiera, especialmente entre los jóvenes, que serán los encargados de liderar nuevos procesos en sus comunidades.

Los organismos humanitarios, no obstante, deben luchar contra los problemas concretos de los campos de refugiados como, por ejemplo, las altas tasas de abandono escolar y los elevados niveles de delincuencia.

Si se trata de soluciones estructurales, la situación es mucho más compleja. El último gran gesto llevado a cabo para reducir la dependencia de los refugiados de la atención brindada en los campamentos ha sido la reanudación de los vuelos entre varias ciudades del Sáhara Occidental y Tinduf, que no solo ha supuesto beneficios económicos, sino también el reencuentro de muchas familias.

Con todo y eso, son medidas insuficientes. La situación requiere de un acuerdo político entre las partes que permita desbloquear las negociaciones.


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