La guerra tiene graves consecuencias en las personas que la viven, tanto en los que participan en ella de forma directa como en los civiles que ven cómo sus vidas cambian por completo sin que nadie les pida permiso. Sin embargo, uno de los resultados en los que no solemos pensar, tal vez porque la integridad de la persona está por delante de lo material, es en cómo sufren las ciudades que son escenario de estos conflictos.

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El ocaso de Palmira

Palmira es uno de esos lugares mágicos del mundo. Su riqueza cultural la hace única, pero también la convierte en un escenario más frágil para la guerra. Durante el conflicto sirio, hemos sido testigos de la destrucción de sus monumentos más emblemáticos y nos hemos sentido impotentes ante la pérdida de tanta riqueza construida a lo largo de los años.

Cuando un sirio tiene que abandonar todo lo que quiere y dejar atrás su hogar, teje un fino hilo con la esperanza de volver al lugar donde construyó su vida. Imagina lo duro que tiene que ser pensar que si alguna vez vuelves a tu ciudad, ya no tendrá el mismo aspecto, sino que estará llena de cicatrices de la guerra.

La destrucción del patrimonio cultural de millones de sirios es otra de las crueles consecuencias de un conflicto que amenaza con robar el presente, el pasado y el futuro de muchas personas.

Resurgiendo de sus cenizas

Siria
ACNUR / Christopher Herwig

Esta situación de impotencia es la que sintió un grupo de artistas sirios que vive en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania. Para que su hogar no caiga en el olvido, han utilizado sus habilidades y cualquier material que pudieran encontrar para construir a escala los principales monumentos de la larga y rica historia de Siria.

Su misión es que su riqueza cultural no caiga en el olvido y, además, hablar de otra consecuencia devastadora de este conflicto, para que el resto del mundo entienda que no solo la vida de muchos sirios ha sido dañada en combate, sino que también se han visto afectados los símbolos culturales del país. Es sin duda una forma de llamar la atención sobre un conflicto que está borrando siglos de historia y condicionando el futuro de varias generaciones.

En su labor, utilizan piedra de la zona, poliestireno y madera desechada, que usan para construir modelos y esculturas de lugares emblemáticos como Palmira y el castillo Crac de los Caballeros en Homs. “Elegimos este proyecto para llamar la atención sobre lo que está sucediendo en Siria, ya que muchos de estos sitios se encuentran amenazados o ya han sido destruidos”, dice el coordinador del proyecto, Ahmad Hariri, que era profesor de arte y pintor en Siria antes de buscar refugio en Zaatari en 2013. “Cuando llegué no pensaba en seguir dedicándome a esto, porque creía que solo iba a estar aquí una semana o dos. Pero cuando me di cuenta de que este sería mi hogar durante años, supe que o empezaba de nuevo o perdería mis habilidades”.

El proyecto está expuesto en un centro comunitario dirigido por ACNUR y una ONG asociada, Alivio y Desarrollo Internacional. También se ha mostrado en una exposición en la capital jordana, Amán.

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