Hoy queremos contar la historia de Ibrahim, un refugiado sirio que será el encargado de llevar la llama olímpica como relevo para los juegos de Río de Janeiro de 2016. Se trata de un gesto simbólico que se realiza cada año y que en esta ocasión tendrá especial relevancia para los millones de refugiados en el mundo que huyen de la guerra.

Ibrahim tiene 27 años, y durante su carrera como atleta siempre soñó con participar en los juegos olímpicos. Sin embargo, la guerra y una lesión truncaron sus esperanzas. Ahora, nuestro protagonista cuenta que es un honor poder llevar la llama olímpica. “El sueño que tuve durante más de 20 años se está convirtiendo en realidad”.





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La historia de la huida de Ibrahim

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UNHCR/Achilleas Zavallis

Llegó a la isla griega de Samos en 2014 después de cruzar el mar Egeo en un pequeño bote de goma. Desde ese momento, Atenas se convirtió en su nuevo hogar. Allí, ha conseguido reconstruir su vida y hacerse un nombre como atleta. En la actualidad, Ibrahim entrena con un programa muy riguroso. Tres días a la semana nada con una organización griega sin ánimo de lucro llamada ALMA, que ayuda a atletas con alguna discapacidad. También forma parte de un equipo de baloncesto en silla de ruedas que se reúne cinco veces por semana. Nuestro protagonista no solo se entrena, sino que además trabaja en el turno de noche de un café 10 horas diarias.

Para él, el deporte es una forma de vida. En Siria, creció practicando la natación, el baloncesto y el judo. Su padre era entrenador de natación y le inculcó su amor por el agua. Él y algunos de sus 13 hermanos han competido en esta disciplina, y entre todos han ganado docenas de medallas tanto en competiciones locales como nacionales.

La pérdida de su pierna

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UNHCR/Achilleas Zavallis

Ibrahim siguió nadando y compaginando su pasión con su profesión de electricista en Siria, pero cuando estalló la guerra en 2011, mientras intentaba ayudar a un amigo que había sido gravemente herido, fue alcanzado por una bomba. Tuvieron que amputarle la pierna derecha desde la mitad de la pantorrilla. Para poder recuperarse con toda seguridad, se asentó en Turquía, donde tuvo que aprender a caminar de nuevo.

Para Ibrahim, los recuerdos de su vida en Siria y de su accidente son muy dolorosos; por eso, en su pequeño apartamento de Atenas no tiene fotos o documentos que le recuerden a esta época. Tampoco habla de los miembros de su familia, ya que con algunos ha perdido todo contacto. “Mis ojos solo miran hacia adelante”, cuenta. “No puedo pensar en el pasado”.

A pesar de su lesión, nuestro protagonista nada 50 metros en 28 segundos, casi 3 segundos menos que antes de perder parte de la pierna. A finales de junio, de hecho, competirá en los Juegos Paraolímpicos para nadadores con discapacidad, y tiene muchas probabilidades de llegar el primero en su categoría y lograr un nuevo récord en esta competición. Ibrahim lo tiene claro: “El deporte puede ayudar a sanar muchas heridas”.





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