El trabajo infantil es una cruda realidad. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) más de 168 millones de menores trabajan en todo el planeta, de los cuales más de 150 millones lo hacen en condiciones peligrosas. Es el caso de Joe Hullman, un pequeño de 13 años de edad que trabaja en la República Dominicana durante sus vacaciones. Él asiste a la escuela durante el año, pero al regresar a su casa no ve la televisión o juega a videojuegos como los demás, sino que pasa unas cuantas horas en el vertedero municipal de San Pedro de Macorís, situado entre las plantaciones de azúcar, en el este del país. En el verano, llega a pasar días enteros recogiendo trozos de metal por los que puede ganar unos 50 pesos por día, que equivalen a menos de un dólar estadounidense.

Pero el principal problema de Joe no es no poder jugar como los demás niños. Nuestro protagonista es un apátrida, es decir, que no tiene nacionalidad, y por tanto su futuro es muy incierto. “Cuando sea mayor quiero ser jugador de béisbol”, confiesa. “Pero este verano no puedo jugar”.


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En 2013, una sentencia del Tribunal Constitucional de este país privó a miles de personas de su nacionalidad, ya que afecta a todos los nacidos en el territorio con padres inmigrantes indocumentados en el momento de su nacimiento. Muchos de los afectados tienen ascendencia haitiana, ya que sus antepasados se asentaron en el país para trabajar en las plantaciones de azúcar. Es el caso de Joe, que al menos agradece el poder ir a la escuela. “Me gusta ir a la escuela”, dice. “Me gustan especialmente las matemáticas”.

derechos y deberes de los niños

Entre los derechos y los deberes de los niños se encuentra el derecho a poseer una nacionalidad, pero ni Joe ni su amigo Adrián pueden disfrutar de ello. Él también pasa sus vacaciones en busca de algún trozo de metal en este vertedero, pero como sus padres son extranjeros y no tienen permiso de residencia en la República Dominicana, a Adrián no se le reconoce como ciudadano y no puede ni siquiera obtener copias de su certificado de nacimiento. Él sabe lo que supone eso: “Cuando cumples 18 años, si tienes una tarjeta de identidad nacional, puedes empezar a trabajar y ganar para comer”, dice. “Si no la tienes, te puede pasar cualquier cosa”.

Así, en la República Dominicana, muchos de los derechos y deberes de los niños se ven perjudicados por ser apátridas, y lo peor es que no saben qué les ocurrirá en el futuro. Lo que saben es que seguramente se les prive de derechos fundamentales como el voto, la libertad de movimiento, el empleo, la sanidad y la educación. Además, muchos de ellos serán devueltos a su país. Recordemos que nuestros protagonistas no conocen Haití, por lo que tendrán que empezar una vida nueva lejos de los amigos y familia que han formado en la República Dominicana.

En el mundo hay miles de niños sin nacionalidad, una situación que hace que los derechos y los deberes de los niños se vean muy perjudicados y que necesita una solución urgente.

También queremos que conozcas la historia de Ahmad, un joven refugiado sirio de 14 años. Ahmad tuvo que dejar sus estudios y ahora trabaja para ayudar a mantener a su familia. Cate Blanchett viajó con ACNUR para conocer a Ahmad. Te lo explicamos todo en este vídeo:




Guía Educación de los niños refugiados