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Viajar ya no es solo una cuestión de placer y diversión. Desde hace algunos años, una nueva modalidad de turismo ha empezado a ganar protagonismo, especialmente en épocas como el verano o la Semana Santa.

Hasta hace poco asociábamos las vacaciones con la imagen de una playa llena de turistas o con la visita a grandes centros urbanos. Sin embargo, salvo unas cuantas excepciones, en ninguno de estos casos las personas interactúan con el entorno ni contribuyen a su conservación.

Por el contrario, se ha vuelto casi una costumbre ver imágenes relacionadas con la contaminación de las reservas naturales, la erosión, el hacinamiento hotelero o el desplazamiento de la población local ante la llegada de visitantes. Estos son algunos de los efectos negativos que puede generar un turismo desmedido.

Por suerte, en la actualidad existen otras alternativas que permiten disfrutar de unas vacaciones solidarias.

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Turismo solidario y sostenible: otra alternativa de turismo

Para evitar los efectos negativos asociados al turismo, el turismo solidario y sostenible propone una nueva forma de interacción con los entornos en la que no solo predomine el factor de ocio, sino que los visitantes contribuyan a su desarrollo y conservación.

La alternativa ha llamado la atención de miles de personas en el mundo, especialmente de jóvenes de entre 20 y 35 años y de adultos mayores de 45 que, además de conocer nuevas realidades, culturas, costumbres y tradiciones, echan una mano a los proyectos de las comunidades que allí residen.

En un principio, el turismo solidario y sostenible ha estado muy ligado a los viajes de cooperación a países en vías de desarrollo, principalmente en África y América Latina, pero con el paso del tiempo se ha extendido a otros entornos.

Lo importante es que los turistas no sean meros espectadores de la realidad del lugar al que han llegado, sino que se involucren de alguna manera que resulte beneficiosa para la población local.

Ventajas: lo que ganamos con el turismo solidario

Pero además de los beneficios que reciben los habitantes de los lugares visitados y los entornos en general, el turismo solidario supone otras ventajas para las personas que lo practican. Veamos las más significativas:

  • Tiene un mínimo impacto ambiental. Uno de los principios esenciales del turismo solidario es la conciencia ecológica y el buen trato de los recursos que se tienen a mano. El turista solidario cuida los entornos, sobre todo aquellos que gozan de una gran diversidad y riqueza ecológica.
  • El dinero se destina a la conservación o al desarrollo social. Lo que se recauda con las visitas suele invertirse en la conservación de los propios lugares o en proyectos de desarrollo de las comunidades que allí residen. Por tanto, no es una forma de consumo más; se trata de una contribución para la mejora de problemas estructurales en ciertos espacios.
  • Genera conciencia y respeto. Aquellos que practican el turismo solidario y sostenible adquieren mayor conciencia de las necesidades y dificultades que atraviesan los habitantes de otros países. Este tipo de experiencias también favorece el consumo responsable y el respeto del medioambiente. El ocio y la conservación son compatibles.
  • Aporta nuevas experiencias. Además, estas personas conocen de primera mano situaciones que se salen de su cotidianidad y adquieren una mirada más amplia de la realidad. No es extraño que muchos de ellos regresen a su lugar de residencia con nuevas ideas para influir positivamente en su propio entorno.

 

Las opciones de turismo solidario y sostenible son diversas y solo es necesario que demos el paso. Su principal aporte es la transformación que genera en nosotros mismos a la hora de mirar la realidad y tratar de cambiarla.

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