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08 Octubre 2014

Un empresario iraquí al servicio de los demás

Farhad Sinjari sabe lo que es el tener que huir y dejarlo todo atrás. Hoy en día Farhad es un exitoso hombre de negocios, pero cuando era tan solo un niño tuvo que abandonar su hogar y huir hacia las montañas del Kurdistán iraquí junto a su familia. Era el año 1974. En 1991 y en 2003 nuevamente corrió la misma suerte.

Fueron estas experiencias vitales las que le motivaron a hacer algo por las miles de personas desplazadas por la violencia en la ciudad de Duhok, en el Kurdistán iraquí, donde Farhad vive. "La gente está viviendo en la calle, durmiendo bajo los árboles y en los arcenes de las carreteras” nos cuenta. “Decidí ayudarles porque sé lo que es estar en esa situación, conozco en primera persona lo que están pasando”.

Cerca de 1.8 millones de iraquíes han sido desplazados desde inicios de este año. ACNUR ha puesto en marcha su mayor operación de distribución de ayuda humanitaria de los últimos diez años para facilitar refugios, colchonetas y otros artículos de primera necesidad a los afectados. Sin embargo, las necesidades son muchas y urgentes, y la ayuda de personas como Farhad es sumamente valiosa. 

Cuando miles de familias empezaron a llegar a Duhok, Farhad construyó con sus propios medios un campamento provisional equipado con tiendas de campaña, agua potable, sanitarios y electricidad. El campo está ubicado sobre una colina en un terreno baldío propiedad de Farhad y justo detrás de una urbanización exclusiva de la que el mismo es promotor. El campo inicialmente acogía a 300 personas, la mayoría de ellas ex trabajadores de los proyectos de construcción de Farhad. 

Abbas, es uno de esos trabajadores. Trabajó como peón para Farhad y ha llegado al improvisado campo junto a su mujer e hijos. El y su familia pasaron 9 días atrapados en el Monte Sinjar rodeados de insurgentes armados de ISIS. "En la montaña no hay agua ni comida. Mis hijos estaban muertos de hambre”. Tan pronto el asedio dio tregua, él y miles más, en su mayoría de la minoría étnica Yazidí, cruzaron la frontera hacia Irak. “Cuando recibí la llamada de mi antiguo jefe me sorprendí mucho; me dijo que si cruzaba la frontera hacia Duhok recibiríamos ayuda y cuidados. No me lo podía creer; no pensaba que se acordara de mí” nos dice Abbas. “Tengo mucha suerte de estar aquí, cuando veo a otras familias sobreviviendo en edificios sin terminar no puedo creer la suerte que he tenido” 

El campamento que ha construido Farhad acoge a unas 1.000 personas a día de hoy. ACNUR ha incrementado la capacidad del campo instalando 40 tiendas familiares que Farhad ha equipado con sistemas de ventilación y electricidad. El empresario también ha proporcionado ropa a los niños y ha organizado visitas médicas.  

“Facilitar refugio, comida y agua es solo parte del problema; cuando los refugiados llegan buscando protección difícilmente pueden olvidar lo que les ha pasado”. Es por ello que Farhad insta a los refugiados a que ellos mismos se hagan cargo del mantenimiento del campo, y ha instalado una cocina y una panadería “Trabajar y ocupar el tiempo ayuda a olvidar el trauma del exilio forzoso” dice Farhad.  Este enfoque parece estar dando sus frutos; los niños juegan al fútbol y los mayores conversan animadamente durante la hora de la comida en el comedor comunal.

Abbas nos dice que está agradecido por lo que ha hecho Farhad. “Por supuesto no quiero que esto dure mucho, quiero volver a mi hogar, que mis hijos puedan volver a la escuela, pero por ahora estamos bien aquí. Necesitamos más gente como Farhad en el mundo”. 

Por Charlie Dunmore in Duhok, Iraq

 

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