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25 Noviembre 2014

“Estas personas están siendo arrancadas de sus familias, vecinos y comunidades”

En las últimas semanas, cientos de miles de iraquíes inocentes se han visto obligados a huir de sus hogares. La gran mayoría reside en la región del Kurdistán de Irak. A los más de 1,8 millones de desplazados internos que ha dejado 2014, hay que añadir casi un millón de desplazados internos que habían huido ya de la violencia durante los años anteriores. Gemma Woods, trabajadora humanitaria de ACNUR en Erbil (Irak), nos narra en primera persona las dificultades que está experimentando la población y su visión sobre este conflicto, desde su experiencia como Técnico de Protección.

Pregunta: ¿Por qué estás en Irak?

Respuesta: Llegué a finales de mayo. He venido en calidad de responsable de Protección para los desplazados internos (IDP) de la región kurda de Irak. Mi objetivo es ayudar con la documentación, el acceso a la vivienda, la integración… Cuando yo llegué las personas huían sobre todo de la provincia de Anbar. Habría unas 8.000 familias con perfiles similares, mismo origen étnico y religión. Desde entonces, la población de desplazados internos totales en todo el país se ha incrementado en más del 100%. Ahora, hay perfiles de todas las poblaciones minoritarias, procedentes de distintas provincias diferentes y de diferentes comunidades. Es mucho más complejo ahora.

 

P: ¿Cuáles son las necesidades inmediatas de los desplazados?

R: Principalmente el refugio. La mayoría de la gente que llega no tiene nada. Ni siquiera tienen documentación personal. Por ello, también les ayudamos con el registro y los papeles. Antes cuando llegaban tenían algo de dinero y podían al menos pagar un alquiler. Ahora muchos provienen de granjas y llegan sin nada. Los desplazados se han instalado en todas partes, edificios sin terminar… La población es mucho más vulnerable. Constantemente estamos creando más campos, pero aún así no caben todos.

En junio y agosto, con 45-50 grados cada día y un clima muy seco, nos centramos en tratar de aliviar a la gente del calor, haciendo hincapié sobre todo en los mayores y los  más jóvenes. Había una gran cantidad de casos de niños y personas mayores deshidratadas. Muchas mujeres han dado a luz en los campos y asentamientos, pues ya estaban embarazadas antes de huir. Muchas sufrieron un gran shock al tener que dar a luz a sus bebés fuera de sus hogares.

Los desplazados, además de necesitar ayuda de primera necesidad como agua, alimentos o atención médica, necesitan apoyo psicológico. Por ejemplo, las personas que bajaron de la montaña de Sinjar montaña llegaban muy traumatizadas por lo que habían vivido. La gran mayoría de ellos han perdido a miembros de su familia,  muchos murieron de hambre o sed, o fueron asesinados. También nos han llegado mujeres que fueron secuestradas y, o bien escaparon o bien fueron puestas en libertad. Ahora todos viven en condiciones de desesperación. Las necesidades van más allá de los alimentos y el agua.

 

P: ¿Cómo trascurre un día normal para ti?

R: La mayor parte del tiempo estoy fuera de la oficina. Viajo a las zonas en las que viven los desplazados para pasar tiempo con las comunidades, entender sus necesidades, trabajar con nuestros equipos... También paso tiempo con líderes de la comunidad y las autoridades locales con el fin de coordinar la asistencia que ofrecemos, así como mejorar la coordinación con otras organizaciones, ONG y agencias de la ONU que están proporcionando servicios de protección para los desplazados internos en la gobernación de Erbil también.

Ahora, estoy siguiendo el caso de un joven que está paralizado de cintura para abajo y que perdió a toda su familia cuando fue bombardeada su casa. No tiene a nadie para cuidar de él. Sus vecinos le ayudaron a escapar pero estuvo más o menos inconsciente durante todo el recorrido. Ahora tiene miedo de que desaparezcamos, somos su única tabla de salvación.

 

P: ¿Cómo es tu relación con la población?

R: Se estrechan muchos lazos. Hay muchos niños y familias separadas a los que intento unir. Me hice amiga de una señora mayor, era de una tribu beduina, de cerca de la frontera con Siria, su nombre significaba loba y tendría unos 95 años. Era una señora extraordinariamente fuerte y muy interesante, pero hubo un bombardeo y no la he vuelto a ver… No sé qué ha pasado con ella, hubo un bombardeo y la gente se dispersó. Hay muchas familias separadas, mucha gente que ha perdido el contacto con los suyos y no sabe qué les ha pasado. Esta es una de las principales tragedias. Estas personas están siendo arrancadas de sus familias, vecinos y comunidades.

 

Gracias por haber leído esta entrevista. Que hayas llegado hasta aquí demuestra tu interés por el bienestar de las personas que huyen de la violencia del ISIS. Si quieres dar un paso más y enviarles ayuda haz clic  aquí

 

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