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04 Noviembre 2013

ACNUR y sus socios logran atajar una epidemia de hepatititis E en Sudán del Sur

En el campo de refugiados de Yusuf Batil, en Sudán del Sur, donde la cifra de nuevos infectados por la hepatitis E, una enfermedad hepática, era en su día de entre 200 y 500 por semana, los esfuerzos de ACNUR y sus socios en materia de salud pública han reducido la propagación de esta dolencia hasta cuatro casos por semana, o incluso menos.

El brote de la enfermedad coincidió con una nueva oleada de refugiados desde el estado sudanés de Nilo Azul durante el verano de 2012. La hepatitis E, que está vinculada a malas condiciones higiénicas y sanitarias, se transmite al no lavarse las manos y por la contaminación fecal del agua y los alimentos.

Como primera respuesta, ACNUR y las agencias humanitarias redoblaron sus esfuerzos para ofrecer suficiente agua potable y un número adecuado de letrinas equipadas con puntos de agua para el lavado de manos.

“Hoy, en todos los campos, los refugiados reciben 22 litros de agua por persona, cantidad suficiente para cubrir las necesidades diarias personales y domésticas”, dice Adan Ilmi, jefe de la oficina de ACNUR en Maban. “Además, la tasa de cobertura de letrinas es de una por cada 17 personas”.

Con el fin de garantizar que las instalaciones de saneamiento se usaban adecuadamente y que se adoptaban prácticas de higiene, se llevó a cabo inmediatamente una amplia estrategia de formación y sensibilización pública sobre estos temas en los cuatro campos de refugiados.

Paralelamente, los trabajadores de salud y los encargados de la higiene enseñaron a los refugiados la importancia de lavarse las manos. Se hicieron demostraciones frecuentes de cómo usar el jabón y la ceniza, al tiempo que se distribuyeron regularmente bloques de jabón. También vigilaron la limpieza de las letrinas y sensibilizaron sobre su uso para evitar que se defecara al aire libre.

Con 46.000 habitantes, Doro es el asentamiento de refugiados más poblado del condado de Maban. Está congestionado y durante la temporada de lluvias es propenso a las inundaciones, lo cual puede dejar muchas letrinas inutilizables en algunas zonas del campo. Mientras prosigue la reconstrucción y rehabilitación de algunas de estas letrinas para frenar la propagación de hepatitis E y otras enfermedades transmitidas por el agua, ACNUR está trabajando en una estrategia para reubicar a más de 10.000 refugiados desde estas zonas inundables del campo de Doro.

La tasa de transmisión de la hepatitis E en Doro alcanzó su pico el pasado verano con entre 50 y 80 casos detectados por semana. Hoy, como resultado de la rigurosa campaña de higiene, el número de nuevos casos ha descendido una media de 16 personas por semana.

“Ahora que los mensajes sobre las buenas prácticas de higiene se han diseminado y entendido, las agencias estamos trabajando para garantizar que gestos como lavarse las manos se conviertan en algo normal y formen parte de la vida diaria de los refugiados”, explica Evalyne Nyasani, especialista de saneamiento, agua y salud de UNICEF, agencia de la ONU que trabaja con ACNUR para ofrecer apoyo en mecanismos de respuesta en situaciones de refugiados.

El cambio de comportamientos ha supuesto uno de los mayores retos a los que se han enfrentado los trabajadores de salud en los campos de refugiados de Maban”, añade Nyasani. El mal uso de los tratamientos prescritos, la preferencia por los remedios tradicionales frente a la medicina convencional y las prácticas culturales profundamente arraigadas han contribuido a dificultar los esfuerzos por poner fin a la enfermedad.

“Hemos entendido los mensajes de las agencias pero algunas comunidades todavía creen que la hepatitis E viene de Dios”, dice Asha Osman, refugiada de 30 años que vive en el campo de Doro. “Por este motivo no siempre se toman la información en serio y afirman que Dios parará la enfermedad”.

Aunque la incidencia de la hepatitis E se ha reducido considerablemente, continúan los esfuerzos de ACNUR y sus socios por promover la higiene. “Los refugiados no sólo serán los receptores de los mensajes sobre saneamiento”, dice Ilmi, de ACNUR, “también participarán activamente en su difusión”.

“Los refugiados ahora entienden mejor el hecho de que sus manos son el vehículo con el que transmitir buenos o malos resultados de salud”, dice. “Lavarse las manos es una práctica sencilla pero esencial que les impedirá contraer la hepatitis E y otras enfermedades, pero en última instancia la decisión de hacerlo recae en ellos”.

Hasta la fecha, se han registrado más de 11.000 casos de hepatitis E en los campos de refugiados de Maban, donde 241 personas han muerto por la infección.

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