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29 Julio 2014

El pequeño Ibrahim ha vuelto a nacer

Ibrahim juega feliz ante la mirada de su madre, como cualquier niño de siete años. Pero cuando se gira, todo el mundo se queda impactado al ver la gran cicatriz que tiene en la cabeza.

Ibrahim estuvo a punto de morir en manos de las milicias en la República Centroafricana y salvó su vida gracias a la rápida intervención del personal de ACNUR en Camerún, donde huyó su familia. El equipo de ACNUR vio la terrible herida cuando cruzaba la frontera y le llevó rápidamente al hospital de Bertoua, a tres horas en coche de Gbiti, donde fue atendido de inmediato. Además de la herida en carne viva, con parte del cerebro y hueso al descubierto, el niño estaba débil y malnutrido tras pasar semanas huyendo por los bosques. “Durante esos dos meses no durmió, no podía dormir y no paraba de llorar”, recuerda su madre, Djoumba. 

Cuando estalló conflicto en la capital, Bangui, los padres de Ibrahim pensaron que no les afectaría. Pero hace dos meses, cuando Amadou, el padre de Ibrahim, estaba fuera con el ganado, un grupo de milicianos se presentaron en su casa. 

“Me vieron con mis hijos en la casa, cogieron a todos los niños pequeños y los mataron con machetes. Mataron delante de mí a seis personas, entre ellas cinco niños”, cuenta Djoumba. “Ibrahim era uno de los seis niños que cogieron. Cuando le golpearon con los machetes pensé que estaba muerto”. 

Los milicianos querían llevarse a Djoumba pero ésta se resistió. “Me dejaron tirada en el suelo al lado de Ibrahim. Poco después me di cuenta de que Ibrahim todavía respiraba”, explica. 

Cuando Amadou regresó a casa del trabajo encontró a su mujer y su hijo herido y decidió huir a Camerún. No podían tapar la herida de Ibrahim pero la lavaban con agua caliente cuando podían para reducir el riesgo de infección. 

“Caminamos durante dos meses, día y noche. Cuando llegamos a un río, descansamos un poco. Bebimos agua de los ríos y comimos la carne de vacas muertas que encontramos por el camino. Las vacas también estaban muriendo de hambre” explica Djoumba.

Cuando llegaron a la frontera con Camerún se encontraron con personal de ACNUR que llevaron rápidamente al hospital a Ibrahim. Le dieron de alta un mes después y se reunió con su familia en Gbiti. 

Hoy Ibrahim está curado y juega feliz con sus nuevos amigos. No tiene daños permanentes en el cerebro pero necesitará apoyo para superar el trauma. 

Muchos niños que huyen de la violencia en la República Centroafricana reciben asistencia de ACNUR y las organizaciones con las que trabaja. Sin su ayuda, muchos de estos refugiados morirían.

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