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05 Julio 2013

El reto de proporcionar agua potable en un nuevo campo de refugiados

A muchas personas les gusta tener un vaso de agua junto a la cama por si les entra sed en medio de la noche. Zenab tiene un bidón lleno. “Es nuestra ración de emergencia” explica al ACNUR.

Esta madre de cinco hijos es una refugiada de la región del oeste de Darfur, en Sudan, y vive en un campo en un área semiárida del sudeste de Chad, donde el agua limpia es una lujo más que un recurso abundante. Garantizar que los 14.000 refugiados en el nuevo campo de Ab Gadam tienen suficiente agua para beber y cocinar es todo un reto.

El mínimo recomendado en una situación de emergencia es 15 litros por persona al día, pero en Ab Gadam, ACNUR y sus socios están luchando por conseguir los 10 litros por persona al día mediante el filtrado de agua de un lago cercano, que será la fuente principal de agua para el campo cuando las lluvias lleguen y e impidan el acceso a Ab Gadam. El nivel mínimo para la supervivencia es de 7 litros por persona al día.

“Es muy serio… Necesitamos aumentar el suministro, y en eso es en lo que estamos trabajando” afirma Dominique Porteaud, trabajador de ACNUR especializado en agua y saneamiento. Porteaud añade que sin agua potable suficiente, la gente recurriría a fuentes alternativas no tratadas y esto podría llevar a la aparición de enfermedades.

Zenab, sin embargo, está agradecida para tener cualquier tipo de agua, y explica que en su pueblo (Ab Garadil) “tuvimos una bomba de agua, pero todo fue destruido (cuando fue atacado)”. Ella, su esposo y sus hijos son algunos de los miles de sudaneses y chadianos que han huido a la región de Tissi para escapar de las luchas entre comunidades en el oeste de Darfur desde enero.

La familia pasó semanas en la remota zona fronteriza, donde el acceso es muy difícil y donde estuvieron bebiendo agua no potable de pequeños agujeros que cavaron en la tierra. El hijo menor de Zenab, Ali, de dos años, enfermó y todavía no se ha recuperado. Cuando ACNUR conoció a la familia, el niño recibía tratamiento para la diarrea en el puesto de salud en el campo de Ab Gadam. Su caso recuerda la importancia del acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene en situaciones de emergencia como esta.

Antes y desde que se trasladó a los refugiados lejos de la zona de peligro, en la frontera de Tissi en las últimas semanas, ACNUR y sus socios han estado buscando formas de garantizar un suministro de agua suficiente por lo menos para satisfacer las necesidades más básicas, como beber, cocinar o mantener una higiene. Esto se hará más difícil con el inicio de la temporada de lluvias y por eso ACNUR está reforzando los polvorientos caminos que comunican el lago con el campo.

“Es una paradoja” dice Philippe Creppy, coordinador de emergencias de ACNUR en la zona. “Estamos en una carrera contra el agua de las lluvias y al mismo tiempo estamos tratando de movilizar todos los esfuerzos para suministrar agua potable”.

Desde que se abrió el campo en mayo, ACNUR ha estado transportando agua por carretera desde un lago en la ciudad de Tissi. Pero Tissi quedará incomunicada cuando las lluvias lleguen, así que la Agencia de la ONU para los Refugiados ha estado valorando cómo implementar otras medidas para mantener y eventualmente aumentar el suministro de agua. Estas medidas incluyeron, por ejemplo, aumentar el número y tamaño de tanques de almacenamiento y bidones plegables en el lugar, así como el número de tanques de agua. También se ha continuado buscando, con algún éxito, pozos productivos.

Aunque ACNUR está contento por este descubrimiento, la fuente principal de agua por el momento será un lago situado a unos 9 kilómetros de Ab Gadam. El problema con el lago es que el agua es impura y no apta para beber. Sin embargo, se ha construido una planta de tratamiento de aguas con la ayuda de los socios de ACNUR Norwegian Church Aid y el Comité Internacional de Rescate.

Tratada con químicos en grandes tanques con forma de cebolla, el agua marrón del lago sale clara, limpia y lista para beber y cocinar tras un ciclo de 11 horas. Actualmente, la planta puede producir suficiente agua limpia como para suministrar a cada refugiado por lo menos 10,5 litros por día, por encima del nivel mínimo de supervivencia,pero todavía muy por debajo del mínimo recomendado en situaciones de emergencias.

Así, aunque no hay colas en el campo para recoger agua, el Comité Internacional de Rescate está instalando otra planta de tratamiento mientras que la perforación de pozos continúa a buen ritmo.

Algunos refugiados están encontrando sus propias fuentes de agua. Halima, amiga de Zenab, recoge el agua de lluvia, al igual que hacía en su pueblo, y la usa para lavar la ropa, limpiar ollas y sartenes, y para la higiene de su familia.

Al igual que Zenab, ella entiende lo importante y esencial que es el agua limpia para la salud. Pero no todo el mundo lo sabe y por eso ACNUR y sus socios llevan a cabo programas de sensibilización sobre la importancia del agua limpia, el saneamiento y la higiene. “Es importante que todo el mundo, incluidos los niños, conozcan cómo usar bien el agua y los peligros que conlleva beber agua sucia” dice Barka Mahamat Barka, el experto de agua y saneamiento de ACNUR.

Los propios refugiados se están involucrando en los esfuerzos por hacer un mejor uso de los suministros de agua. Recientemente se eligió un comité de agua con el fin de controlar el suministro.

Mientras tanto, Zenab y su familia están agradecidos por su ración diaria de unos 80 litros de agua. Pero todavía le preocupa el futuro y por eso conserva su bidón lleno de agua de reserva: le hace sentirse un poco más segura.


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