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25 Mayo 2015

Nafla Muhammad Alabood, refugiada siria, de 21 años, comparte su dura historia de vida

“Me llamo Nafla. Nací el 7 de julio de 1993 en Homs (Siria), la tremenda. No soy una buena escritora, pero os hablaré un poco sobre mi vida y compartiré con vosotros mi cruel experiencia. No sé por dónde empezar...”

Puedo empezar por mi pasado de color de rosa, en el que viví los días más bonitos de mi vida, aquel pasado fantástico. O quizás puedo empezar por el presente amargo como la hiel, el presente agotador, que me hace sentir como una persona de cuarenta años. O mejor hablar de mi futuro desconocido; pero tengo miedo sólo de pronunciar la palabra futuro, temo que este futuro sólo lleve más miseria a este presente. Empezaré por el pasado.

Deseo tanto que aquellos preciosos días del pasado vuelvan... Cuando era pequeña me gustaba reír y estar alegre, jugaba y me divertía sin preocupaciones, allí donde nací y vivir los momentos más bonitos. En mi país amado tenía sueños simples, en vez de imposibles.

Cuando era pequeña, mi madre deseaba que mis hermanos y yo estudiáramos para que algún día llegáramos a ser personas cultas. Quería cumplir este sueño tan sencillo: estudiar y aprender para ir a la universidad y ser una persona importante para la sociedad. La vida era perfecta con mi familia, con mis tres hermanas y mi hermano pequeño. Mis hermanas se llaman Marwa, Yara y Reem. Mi hermano se llama Abdel Kareem Abodi.

En mi barrio tenía amigas: Bayan, Mona, Noor, Nahla... También tenía amigas en la escuela. No tengo palabras para describir la vida con mis amigas, nuestras aventuras… Durante años vivimos tantos momentos... Bayan siempre fue mi mejor amiga, éramos amigas desde pequeñas, hace más de doce años ya. Ella conocía todos mis secretos y yo los suyos. Pasábamos mucho tiempo juntas, estudiábamos y dormíamos la una a casa de la otra porque vivíamos muy cerca. La quería mucho, y ella a mí también.

Viví mi pasado en ese barrio tan bonito. Oh, como echo de menos mi casa…, mi habitación, mis cosas... Echo de menos el olor del eucalipto que hay delante de casa. Quiero oír la voz del vendedor de verduras del barrio. Echo de menos el sonido de los pájaros. Echo de menos mirar al jardín desde la ventana.  Echo de menos hablar con Bayan. También echo de menos mi instituto y los días de locura y alegría.

¿Sabéis que echo de menos de Siria? ¡El olor de la lluvia, el olor de la alegría! Han desaparecido para siempre... Mis sueños se han perdido, aunque eran sueños sencillos. ¿Dónde están mis sueños ahora? No lo sé. Mi miseria comenzó en 2011, cuando se inició la destrucción de mi amada Siria. Cuando comenzaron el miedo y la guerra. ¿Quién se lo podía esperar?

Esta guerra, que ha destruido mi vida y mis sueños, que lo ha destruido todo... 

Como un tsunami, ha borrado todo rastro de vida del pasado en este sitio. Echo de menos el pasado. Cuando comenzó la guerra estaba estudiando en casa; hacía el bachillerato, esa etapa tan importante que me haría posible la entrada en la Universidad. En 2011 oí el ruido de las balas. Comenzó el miedo y el terror, estudiaba y sentía el ruido de las balas y los tanques desde la ventana y los barrios vecinos. El miedo me llenó el corazón y el olor de muerte me impregnó la nariz.

Puedes leer la historia completa de Nafla a través de este enlace.

La historia de Nafla es el hilo conductor de la exposición fotográfica “Síria, la paraula de l’exili”. Te invitamos a conocerla visitándola en Tarragona hasta el 7 de junio. Próximas itinerancias previstas en Sant Sadurní d’Anoia y  Vilafranca del Penedés durante el año 2015.

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