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05 Julio 2016

Nigeria: Testimonios de dos hermanos que han sobrevivido al terror de Boko Haram

Bala y Mahamadou se han reencontrado hace poco en un campo de refugiados de Níger después de estar casi un año separados. Estos dos hermanos nigerianos han vivido en primera persona la violencia de los insurgentes de Boko Haram.

Ambos lograron escapar con vida de su país y llegar con parte de sus familias hasta Níger, donde luchan cada día por superar los duros momentos que pasaron y por recuperar la esperanza. Recién instalados en el campo de Sayam Forage, relataron al personal de ACNUR su experiencia. Estos son sus testimonios de lo que les ocurrió y de cómo han logrado sobrevivir:

Mahamadou (63 años):

“No sé cómo estoy vivo todavía. Me sentía completamente sobrepasado por lo que estaba ocurriendo a mi alrededor.  Había cadáveres de hombres, mujeres y niños a mi alrededor. Pasé la noche sin comer ni beber. Los insurgentes que se habían quedado cerca del río estaban rematando a los supervivientes. Yo me tumbé en la hierba, bajo algunos cuerpos, fingiendo estar muerto. Vi cómo masacraban a la gente. Nunca pensé que saldría vivo, pero me quedé escondido bajo los cadáveres, en silencio”.

Un año después de este ataque contra su aldea, Mahamadou explica que su familia todavía sufre un grave trauma: “Los niños siguen poniéndose ansiosos, sobre todo cuando oyen ruidos o gritos. Siempre están en guardia. Incluso aunque aquí en Níger estamos a salvo, todavía tenemos miedo de que los insurgentes nos puedan herir de algún modo”.

Bala y su familia en el campo de Sayam Forage, en Níger. Foto: ACNUR/H. Caux

Bala (50 años):

“Mataban a los niños en las calles. Disparaban contra mujeres embarazadas. Todo el mundo estaba aterrorizado y corría en todas las direcciones. Era un caos, la gente fue asesinada delante de mí, caían delante de mí. Entré en pánico y recuerdo que pisé varios cuerpos cuando intentaba escapar. Las balas volaban a mi alrededor”.

Hoy en día, meses después de aquel episodio, Bala confiesa que tiene pesadillas. En aquellos días, dice que pasaba las noches contando el número de personas que habían sido asesinadas delante de él. "Estaba deprimido, y a la vez me sentía afortunado de estar vivo”, recuerda.

Sobre su vida ahora en un campo de refugiados, Bala asegura: “Nos sentimos más seguros aquí. Tenemos un refugio adecuado, acceso a la clínica y a alimentos. Los niños acaban de matricularse en la escuela”.

Su mayor deseo es que las  personas que toman las decisiones en este mundo actúen más rápido y de forma eficiente para evitar que los insurgentes maten a más hombres, mujeres y niños inocentes en Nigeria. Bala habla alto y claro: "Estamos agotados y aterrados de tanta violencia”.

 

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