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20 Mayo 2015

El día en que me convertí en refugiado

Charles, de 12 años, cruzó la frontera de Ruanda al igual que otras 100.000 personas que han huido de Burundi en las últimas semanas para escapar de la violencia que se está produciendo en el país.

Afortunadamente, hoy se encuentra a salvo junto a su madre y hermanos en el centro de Bugesera, en Ruanda. 

Charles recuerda con detalle los días previos a su huida: “Una tarde estaba en casa y fui a la tienda a comprar algo. Por el camino me encontré con dos hombres que llevaban abrigos negros largos y cuchillos. Me escondí porque mi padre me había dicho que lo hiciera si veía a gente como esa”. 

“Yo tenía mucho miedo y mi madre nos dijo que nos íbamos a Ruanda”

“Al día siguiente fui a la escuela. Había alguien que había sido asesinado y estaba envuelto en una estera. Mi escuela está cerca de unos matorrales. Probablemente llevaba muerto una semana. Yo tenía mucho miedo y mi madre nos dijo que nos íbamos a ir a Ruanda”.

La violencia pre-electoral que se ha desencadenado en las últimas semanas en Burundi ha despertado el miedo de muchas familias que están siendo amenazadas por los Imbonerakure, jóvenes pertenecientes al partido en el gobierno. El temor a que se desencadene una guerra civil se está empezando a propagar entre la población y más de 105.000 personas ya han huido del país.

Según cuentan los refugiados, los Imbonerakure pintan las casas de la gente por la noche y amenazan con violar a las mujeres si no apoyan al partido. Charles recuerda que el árbol de su casa estaba pintado de rojo y que su madre le dijo que ese mismo días se tendrían que ir de casa. 

El viaje hacia Ruanda

De camino a Ruanda, Charles sólo podía pensar en su padre y sus hermanos, que se habían quedado en Bujumbura. “Estábamos en un autobús y hacía frío. Me tapé y me dormí. Soñé que había una guerra, que la gente se mataba unos a otros y que había disparos”.

Por el camino, en alguno de los controles de policía tuvieron que dar dinero para poder continuar con su camino. Gracias a la ayuda de un joven, pudieron esconderse en su casa y evitar ser detenidos.

El viaje de Charles, las tres mujeres y los otros 9 niños que les acompañaban continuó en bicicleta. “Pedaleamos pero en el camino nos pararon de nuevo. Les dimos dinero pero lo rechazaron. Le dijeron a mi madre que se bajara de la bici o nos degollarían. Mi madre se bajó de la bici y echó a correr. Yo estaba muy asustado de que no volviera“.

El esperado reencuentro de Charles con su madre

Por suerte para Charles, su madre pudo continuar el camino a solas hasta la frontera y reencontrarse con su hijo. “Me encontré con mi madre al otro lado de la frontera” cuenta Charles. “Estaba muy asustado porque mi madre me dijo que si no nos veíamos en el destino sería porque ella habría vuelto a Burundi”.

Con el paso de los días, ACNUR prevé que el flujo de refugiados burundeses hacia Ruanda aumente. Más niños como Charles corren el riesgo de convertirse también en refugiados en cuestión de días. 

Para ofrecer un refugio seguro y protección a los niños refugiados burundeses como Charles, puedes colaborar con ACNUR a través del formulario seguro de nuestra web.

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