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29 Julio 2015

Una infancia interrumpida por la guerra en Siria

Ivra tiene 13 años y vive como refugiada en Turquía. Hace menos de un año que, a causa de la guerra en Siria, su vida cambió radicalmente y sus sueños de futuro también.

Ivra es una adolescente como otra cualquiera: le gusta pasar el rato charlando con sus amigas, escuchar a sus grupos favoritos, como One Direction, y ojear revistas de moda adolescente. O al menos esa era la Ivra que vivía en Kobane, Siria, hace menos de un año. La guerra llegó a su ciudad y, de la noche a la mañana, tuvo que huir con su familia al país vecino para salvar su vida.

“No pensé que ser refugiada sería así”

Los primeros días, Ivra se tomó su exilio forzado con cierta filosofía y lo vivió como una aventura. Se sentía triste por haber dejado su país pero también ilusionada por conocer otro nuevo. Sin embargo, pronto la realidad fue imponiéndose y empezó a ver cómo pasaban los días en el campo de refugiados de Suruç, en Turquía, y el regreso a casa quedaba cada vez más lejano. “No pensé que ser refugiada sería así”, confiesa. 

En el campo su hogar es una tienda de campaña de apenas 9 metros cuadrados. Los colchones se apilan en un rincón durante el día para que la familia –de cinco miembros- pueda tener espacio para moverse o cocinar en el hornillo que tienen. Las duchas y los baños ahora los comparte con otras familias refugiadas en un tráiler cercano a su tienda.

Ocupar sus horas se convirtió en el principal objetivo de Ivra, que muy pronto se matriculó en la escuela del campo para poder seguir estudiando. Para ella, que ya era una alumna ejemplar en Siria, poder seguir formándose se convirtió en una prioridad más que nunca.

Ivra en la escuela del campo de Suruç. Foto: ACNUR / I. Prickett

Una nueva vida y nuevos sueños

Poco a poco Ivra se ha ido adaptando a su nueva vida, pero sus sueños ya no son los mismos.  “Al principio, cuando era niña, soñaba con ser diseñadora de moda…pero la moda no es para un sitio como este”. Ahora Ivra sueña con ser médico. Los tiempos en los que le gustaba la música y el deporte han quedado atrás y han dado paso a nuevas aspiraciones: Ivra prefiere ahora centrarse en sus actividades de teatro dentro del campo cuando no está estudiando.

A pesar de que ella está pudiendo continuar su educación, la realidad de ser una refugiada le está quitando algunas esperanzas. “Mientras sea refugiada no creo que se cumplan todos mis sueños”, asegura. “Quizás los de mis amigos que están en Europa sí, quizás ellos puedan ser cantantes o actores o desarrollar su talento de alguna forma”, añade.

Dar continuidad a la educación de los niños refugiados es una prioridad para ACNUR en todos sus campos. Para toda una generación de niños sirios que está creciendo en el exilio es, además de una tabla de salvación, un pilar que les permite de alguna forma seguir soñando con un futuro mejor. 

Con tu ayuda podremos seguir haciendo posible que niños como Ivra tengan acceso a la educación y a un futuro mejor. Colabora con ACNUR a través del formulario seguro de nuestra web.

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