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29 Enero 2014

Los nombres de las niñas sursudanesas recién nacidas en Uganda reflejan el drama de un éxodo

Sofía y Olivia puede que sean dos de los nombres de chica más populares en Occidente en estos días, pero en el centro de tránsito de Dzaipi, en el norte de Uganda, el claro ganador para las niñas recién nacidas es Nyaring. En el lenguaje dinka significa "correr" y resume la forma en que estas pequeñas llegaron al mundo.

Nyaring Panchol, con poco más de cuatro semanas de edad, nació bajo un árbol cuando su madre huía del conflicto en Sudán del Sur. Ella es una de las decenas de bebés que llevan ese nombre.

La madre, Athieng Agok, con sólo 19 años, se encontraba en la última etapa del embarazo cuando unos hombres armados comenzaron a disparar y a quemar casas en su pueblo cerca de Bor, en el estado de Jonglei. Eso ocurría el 18 de diciembre, tres días después de que el país se viera sumergido en una oleada de violencia. Ella corrió hacia el monte y cuando comenzaron los dolores de parto, tubo que pararse para dar a luz bajo la sombra de un árbol. Por suerte la acompañaba su propia madre, Angelina Ayun, de 35 años de edad, que pudo ayudarla.

Durante todo el día, con las armas de fuego resonando a su alrededor, se escondieron en el monte mientras las contracciones de Athieng se iban haciendo más frecuentes. "Había una enfermera con nosotros, pero se asustó y salió corriendo, así que sólo estaba yo", dice Angelina.

Finalmente, a media noche, la pequeña Nyaring vino al mundo. El parto fue tan doloroso que Athieng se desmayó. Pero cuando volvió en sí, tuvo que reunir todas sus fuerzas para continuar su huida y escapar de los combates, primero en un camión de la ONU que las llevó a la capital, Juba, y luego en un coche que las trasladaría a la frontera con Uganda.

"No me sentía bien, tenía tos y diarrea, pero no había tiempo para esperar", recuerda. "Estaban matando a la gente".

En un giro del destino, Athieng nació en las mismas circunstancias. Su madre embarazada se vio obligada  a huir a principios de 1990, cuando el sur de Sudán estaba envuelto en los 22 años de guerra civil que condujeron a su independencia de Sudán en 2011. Angelina también dio a luz en la selva, mientras huía hacia Equatoria Occidental, en Sudán del Sur.

El mes pasado, cuando la lucha separó a la familia, el marido de Athieng corrió en una dirección diferente a la del resto. Una vez a salvo en Uganda, la muchacha logró contactar con él por teléfono y decirle que tenía una hija. Pero la conexión no duró el tiempo suficiente para enterarse de dónde estaba.

Ahora estas tres generaciones de mujeres viven en una pequeña tienda desmontable que les ha dado el tío de Athieng. ACNUR está construyendo más tiendas de campaña familiares a diario y dando la máxima prioridad a los más vulnerables, como menores no acompañados, ancianos enfermos, madres primerizas y personas con discapacidad, pero todavía no hay suficientes refugios para todos.

Mientras muchas mujeres dan a luz cada día en el centro de salud de Dzaipi, otras lo están haciendo en el centro de tránsito en sí, a menudo a la intemperie, porque desconocen los servicios que de salud que se ofrecen. La Agencia de la ONU para los Refugiados está utilizando voluntarios y carteles para hacer saber que los servicios de salud son gratuitos.

"Tenemos grandes desafíos por la falta de personal local y por la cantidad de nuevos refugiados a los que está dando servicio el centro”, dice Khamis Khamis, oficial regional de salud de ACNUR. "El área de maternidad es también pequeña, con sólo 10 camas en toda la instalación, y hay muchas mujeres embarazadas en el centro de tránsito. Estamos trabajando con nuestros socios de la salud para tratar de resolver estas lagunas".

Athieng y su bebé ya han sido trasladadas al centro de salud para un chequeo médico y para recibir un paquete con materiales del Fondo de Población de las Naciones Unidas que contiene jabón, ropa interior y prendas de ropa para las nuevas madres. ACNUR trasladará a Athieng y su pequeña familia tan pronto como sea posible al asentamiento cercano de Nyumanzi, donde recibirán una parcela de tierra y herramientas para construir una casa.

Por ahora, está llevando tiempo que la familia se de cuenta de que su calvario ha terminado. "Todavía soñamos que estamos corriendo. Sentimos que estamos todavía en el monte", dice Angelina.

"Nadie puede salir de su país sin sentir temor", añade, después de huir por segunda vez con absolutamente nada. Pero ahora no puede imaginar correr el riesgo de volver a casa por segunda vez: "Me quedaré aquí, la guerra continuará para siempre".

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