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10 Febrero 2014

República Centroafricana: La importancia de la educación

Lo peor de ser un refugiado para muchos de los jóvenes en el norte de la República Democrática del Congo (RDC) es perder clases. Esto es especialmente cierto para aquellos que, como Yesson, estaban estudiando la educación secundaria o terciaria antes de huir de la República Centroafricana para salvar sus vidas durante el último año.

"Pensamos que íbamos a encontrar escuelas y que las universidades estarían organizadas", dice Yesson, un joven de 25 años de edad, a ACNUR en el campamento de refugiados de Mole, que se encuentra a 35 kilómetros de la ciudad grande más cercana, Zongo, y que proporciona refugio a más de 9.000 personas. Entre estos refugiados hay unos 1.000 jóvenes que estudiaban secundaria o que iban a la universidad cuando estaban en su país.

En el campamento de Mole hay una escuela primaria, donde 650 niños cursan el plan de estudios de República Centroafricana. La escuela se está ampliando para acoger a otros 650 niños que han llegado desde el 5 de diciembre, cuando los nuevos enfrentamientos entre comunidades estallaron en la República Centroafricana. Pero no hay una escuela secundaria.

Yesson era quizás un poco ingenuo al esperar una red de escuelas, colegios y universidades en esta región aislada, subdesarrollada y empobrecida de la provincia de Equateur, en la RDC, pero su preocupación por la educación de los adolescentes y los jóvenes que viven en Mole o en otros lugares es válida y real, compartida por ACNUR y sus socios.

Stefano Severe, Representante Regional de la oficina de ACNUR con sede en Kinshasa, dice que la búsqueda de vías para que los refugiados en Mole y otros campamentos continúen su educación es una prioridad para la Agencia. "Es importante para ayudarles a construir su futuro de una manera constructiva", añade, al tiempo que señala que la educación es importante no sólo para la adquisición de conocimientos, sino para mantener a los jóvenes ocupados de manera constructiva.

"Hemos aprendido de experiencias pasadas en los campos de refugiados y somos conscientes de que los jóvenes sin ninguna actividad pueden tener un impacto negativo en el ambiente del campamento. Si están aburridos también corren el riesgo de ser manipulados y podrían tener la tentación de unirse a los grupos armados en la República Centroafricana”, advierte.
Es evidente que muchos de los refugiados, con mucho tiempo libre, están perdiendo su educación.

"No podemos soportarlo. No estar estudiando es grave para nosotros y para nuestro país. Estamos estancados", subraya Yesson, que estudiaba contabilidad y gestión en un colegio privado en la cercana capital de la República Centroafricana, Bangui, antes de huir a través del río Oubangui a Zongo en octubre pasado. "Me levanto por la mañana y no hago nada hasta la noche", explica.

La mayoría de los estudiantes en Mole provienen de zonas urbanas, principalmente de Bangui, y a los mayores les resulta difícil vivir en un área rural con pocas o ninguna oportunidad de acceder a la educación o al empleo.

Lamine Diop, director de la oficina de ACNUR en Zongo, ha reconocido que el acceso a la educación secundaria y terciaria es un reto. "Estamos explorando maneras de conseguir que unos 700 estudiantes de secundaria puedan continuar sus estudios", explica, mientras invita a los socios a ayudar. En Boyabu, otro campamento de refugiados, también en Equateur, ACNUR está viendo cómo conseguir que los refugiados puedan matricularse en una escuela secundaria cercana.

Mientras busca soluciones, ACNUR está construyendo un cibercafé para que los alumnos con sed de conocimiento tengan al menos acceso a la información en el campo de Mole. Es un paso positivo y bien recibido por los estudiantes, pero quieren más.

"Sería mucho mejor encontrar formas de registrar a los estudiantes en las universidades", dice Cedrick, un estudiante de arte de 23 años de edad. "El aprendizaje a distancia es una solución también. Cuando tienes conexión a Internet, tienes una apertura al mundo”.

Él y otros también pidieron la creación de un centro cultural con biblioteca, pero, sobre todo, su sueño es poder salir del campamento de Mole para estudiar en la capital de la RDC, Kinshasa, o en el extranjero. En lugar de ello, dice Emmanuel Kouzouaki Yondó, presidente del comité de refugiados en Mole, muchos de los que tienen las cualificaciones "son víctimas de desempleo juvenil".

La mayoría de los jóvenes refugiados, en el fondo, desean que el conflicto termine pronto y les permita volver a casa y retomar sus estudios y finalmente comenzar carreras en su propio país. "Me pregunto cuándo terminará esta pesadilla ", confiesa un Cedrick pesimista y deprimido.

La República Democrática del Congo acoge a casi 60.000 refugiados de la República Centroafricana, con aproximadamente la mitad de ellos viviendo en cuatro campamentos de refugiados. El resto está con familias de acogida. Con el nuevo flujo desde el 5 de diciembre, la población de refugiados ha aumentado considerablemente en algunos campamentos. En Mole ha pasado de 4.000 a 9.000 personas en poco más de un mes.

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