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13 Febrero 2014

Tifón Haiyán: los indígenas buscan un hogar

A sus 85 años, Jahina Lugasan no sabe dónde tiene su hogar. Su vida está marcada por una serie de desplazamientos a causa de un conflicto y de desastres naturales. Y a menos que se haga algo, sus nietos podrían heredar este desafortunado legado.

Jahina y su marido pertenecen a la etnia badjao, del sur de Filipinas, una zona azotada por conflictos durante décadas. En 1987 huyeron con sus seis hijos para encontrar un lugar más seguro en la ciudad de Isabel, al oeste de la provincia de Leyte. Construyeron una nueva casa en la aldea costera de Marvel con el beneplácito del dueño del terreno y de un político local.

Durante años han estado integrados en su nueva aldea y ahora hablan la lengua local.
Pero un desastre volvió a golpearles el 8 de noviembre del año pasado cuando el tifón Haiyán provocó una tormenta con olas de hasta 17 metros en la costa. Jahina se volvió a quedar sin hogar. Esta vez, incluso a sus nietos se los llevó la corriente.

“Nos refugiamos en una iglesia cercana y tuvimos suerte de escapar de la cólera del tifón. Nuestra casa y nuestras posesiones no tuvieron tanta suerte”, dice.

Después del tifón, la familia de Jahina salió de la iglesia para encontrarse su casa perdida para siempre. El dueño del terreno les prohibió volver y construir de nuevo su residencia, según la nueva norma del gobierno sobre “zonas de no construcción”. Esta ley prohíbe construir residencias a menos de 40 metros de la costa para evitar el impacto de futuros desastres.

En total unos 300 indígenas badjao han sido desplazados de la misma tierra y han hecho frente a casos repetidos de desplazamiento forzoso primero por el conflicto y ahora por el tifón. Jahina, debilitada y traumatizada, ayudó a otros badjao a recoger escombros, hojas de coco y trozos de bambú que se habían llevado por delante las devastadoras olas y con ellos levantaron chozas sobre pilares a lo largo de la costa.

“¿Queremos vivir justo a ras del agua? No. Pero ¿qué otra opción tenemos?”, dice ella, expresando su temor por la seguridad de su familia cuando haya otro tifón.

Por ahora las lonas de plástico que les ha entregado ACNUR les ayudan a mantenerse secos y las lámparas solares iluminan sus noches sin descanso. Hasta la fecha ACNUR ha tenido acceso a casi medio millón de supervivientes del tifón Haiyán a los que ha entregado suministros vitales, incluyendo 45.000 lonas de plástico y 10.000 lámparas solares. La Agencia sigue asistiendo a los supervivientes más vulnerables, especialmente a indígenas como los badjao.

“Lo que queremos es tener un terreno propio en Isabel para construir nuestras casas. No importa que seamos pobres, si podemos tener una casa segura de cara a futuros tifones seremos felices”, dice Jahina, una de los primeros badjao que se asentaron en la ciudad.

La pesca es el principal medio de vida de los badjao, que han pedido a las autoridades locales que les ofrezcan tierras seguras ante los efectos de las fuertes tormentas pero a su vez no alejadas de zonas costeras.

Esta comunidad indígena en Isabel se suma a los 4,1 millones de personas desplazadas por el tifón Haiyán en Filipinas. Aunque más de 20 tifones amenazan cada año a las más de 7.000 islas que tiene el país, no existe una ley nacional que defienda el bienestar de las personas desplazadas por tifones u otros desastres naturales, o por conflictos armados. A menudo, como es el caso de los badjao en Isabel, el desplazamiento se produce por una combinación de ambas circunstancias.

En febrero de 2013 la Agencia de la ONU para los Refugiados elogió la legislación filipina por los pasos dados para adoptar una normativa en defensa del derecho a la protección y la asistencia para las personas desplazadas internamente (IDPs por sus siglas en inglés). Esta legislación, la primera de su tipo en la región de Asia y Pacífico, fue posteriormente vetada.

Se han hecho nuevos esfuerzos por revivir ese proyecto de ley y devolver a Jahina y otras personas desplazadas la esperanza de que sus derechos serán respetados. Si se aprueba, la legislación dará derecho a los desplazados internos a protección y asistencia durante el desplazamiento, y garantizará su regreso en condiciones seguras, la reubicación y la integración.

En Isabel, Jahina contempla a su nieta de dos meses, que nació pocos días antes de que les golpeara el tifón. Ella tiene esperanzas para la niña y cree que algún día, finalmente, la familia Lugasan encontrará un lugar al que poder llamar hogar.

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