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30 Junio 2012

Un programa de ACNUR ofrece a los jóvenes somalíes amplias habilidades profesionales

Hace apenas un año, la vida del joven Barre Abdirahman, de 18 años, se reducía a una lucha constante por la supervivencia en Baidoa, una ciudad del centro de Somalia. Las escasas oportunidades de empleo, los intensos combates y la amenaza de sequía han sumido a la población local en la miseria, con unas perspectivas de futuro sombrío.

“La vida no era fácil por allí; todo eran problemas”, declaró Barre recientemente a unos visitantes en Galkayo, una ciudad situada al norte de Baidoa, en la región somalí de Puntlandia. Él huyó a esta ciudad en busca de un futuro mejor y, desde entonces, ha encontrado esperanza en un programa de formación profesional organizado por ACNUR y financiado por Canadá.

Barre dijo que encontrar un trabajo en Baidoa era una tarea desesperante. “Tienes que conocer a alguien que te ayude a conseguir ese trabajo, y después darle algo de dinero en señal de gratitud. Mi familia tenía poco dinero; mis padres ganaban cada uno tres dólares al día lavando y planchando ropa, lo cual no era suficiente para cubrir nuestras necesidades básicas”.

Cuando este joven llegó a Galkayo, había dejado atrás a su hermano, su hermana y sus padres. Tardó cinco días en llegar en autobús, y el viaje a la ciudad le costó ocho dólares. A su llegada, se fue a vivir con una tía, que ahora vive en el campo de Al Aamin para desplazados internos.

Su iniciativa pronto fue recompensada cuando fue seleccionado entre 40 jóvenes para participar en un programa de formación profesional, de cinco meses de duración. La Agencia de la ONU para los Refugiados y su socio local, el Centro Educativo de Galkayo para la Paz y el Desarrollo, visitaron los campos de desplazados de Galkayo para identificar a los candidatos adecuados para esta formación.

Muchos tenían trabajos mal remunerados como limpiabotas o basureros y carecían de los conocimientos necesarios para poder ganarse la vida a largo plazo. Barre y sus compañeros aprendieron técnicas de soldadura y carpintería durante el curso, que concluyó a principios de este mes. Cada participante ha recibido las herramientas básicas y esenciales para ayudarles a encontrar trabajo y, en última instancia, a crear sus propios negocios.

“El curso ha cambiado mi vida a muchos niveles” declaró Barre. “Vengo de un entorno pobre, como el resto de jóvenes en el campo, pero estoy decidido a tener éxito en la vida. Sueño con tener mi propio garaje donde pueda aplicar mis conocimientos de soldadura”.

Además, añadió que cuando haya ganado suficiente dinero, “definitivamente traeré aquí a mi familia y les daré una vida mejor de la que conocen ahora. Estaré eternamente agradecido por esta oportunidad”.

Bruno Geddo, Representante de ACNUR en Somalia, alabó el impacto positivo del programa. “La formación profesional es un modo efectivo de fortalecer a la juventud somalí para que así puedan conseguir un futuro mejor y más seguro para Somalia. Estos hombres jóvenes, que de otro modo podrían caer en las manos de los reclutadores o piratas, ahora tienen un futuro ante ellos y están decidido a ser la fuerza del cambio que necesita su país”, dijo.

Este programa pretende proporcionar a los jóvenes participantes una formación profesional que les permita generar ingresos rápidamente para poder mantenerse a sí mismos y a sus familias. También les ofrece una base social para la sensibilización, supervisión de la protección y el trabajo de participación comunitaria sostenible en numerosos campos.

Actualmente hay casi 140.000 desplazados internos en Puntlandia, de los cuales 60.000 viven en 21 asentamientos en Galkayo. Mientras, la sequía y el continuo conflicto en el sur y el centro de Somalia están llevando a miles de personas a huir a la vecina Kenia.

Por Faith Kasina en Galkayo, Somalia.

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