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24 Abril 2013

Una joven refugiada en Sudán del Sur se ve de nuevo forzada a huir, sin su familia

Durante cuatro días Hiba Ishmail Al Haji, de 16 años, caminó entre arbustos con su hermana para escapar de los bombardeos aéreos en el estado de Kordofan del Sur, en Sudán, que separaron a las pequeñas de sus padres. En el camino consiguieron comida y agua de los locales que amablemente les ayudaron, se abrieron paso entre los controles militares y lucharon contra las enfermedades.

Cuando llegaron a Sudán del Sur, se dirigieron al asentamiento de refugiados de Yida, que se creó en 2011 por parte de las personas que huían de la violencia en Sudán. En aquel recinto lleno de menores no acompañados encontraron un refugio.

Esto ocurrió hace un año. El mes pasado, Hiba y otras niñas volvieron a verse obligadas a huir para salvar sus vidas tras un tiroteo en Yida, que acabó con la vida de un policía. La causa del tiroteo aún no está clara y, aunque la vida ha vuelto a la normalidad en el asentamiento, el incidente provocó que las 60 niñas que aún seguían en el recinto buscaran seguridad.

“Durante el tiroteo, un hombre, creo que policía, nos dijo que nos tumbáramos y nos pusiéramos a cubierto,” recordaba Hiba. “En cuanto se acabaron los disparos, todas las chicas corrieron en distintas direcciones para tratar de encontrar una familia que pudiera ayudarlas”.

Hiba se encontró en un refugio para familias que también habían huido. Pasó allí la noche, sola en su refugio. Al día siguiente la familia volvió y se ofreció a acogerla. “Según nuestra cultura, si un miembro de la tribu lo necesita tenemos que ayudarle,” dijo Um Juma Hamid, que está cuidando a 5 hijos suyos y a otro que no lo es.

ACNUR, que ha estado asistiendo a las niñas en sus recintos contratando a mujeres que pudieran cuidarlas, proporcionándoles asistencia, organizando el reparto de alimentos y mejorando la seguridad de las instalaciones, trabaja ahora acompañando a las niñas que huyeron para reunirlas con sus familias o encontrarles un lugar en una familia de acogida.

Carolyn Akello, de ACNUR, señaló que la mayoría de las familias de acogida e incluso los parientes de las niñas carecen de los medios para cuidar a más menores. “Estamos trabajando para identificar las necesidades de las niñas y de las familias de acogida y para aligerar la carga de esas familias” dijo.

De los más de 70.000 refugiados que viven en el asentamiento de Yida, se estima que 1.750 son menores no acompañados. ACNUR busca proteger a todos estos menores reuniéndolos con sus familiares, ya sean cercanos o no, o buscándoles una familia de acogida.

Por Tim Irwin en Yida, Sudán del Sur.

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