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02 Septiembre 2016

#UnNuevoHogar: Los Jellinek, una familia judía que abrió su casa a un refugiado musulmán

Kinan, refugiado sirio de 28 años, tuvo que huir de su país para no coger las armas contra su propia gente. Ahora, se presenta como berlinés y practica el Sabbat cada semana.

Cada viernes por la tarde, la familia Jellinek se junta para celebrar el Sabbat en su céntrica casa de Berlín. Chaim, Kyra y tres de sus cuatro hijos se sientan alrededor del candelabro y bendicen el vino y la comida. Este año, su tradición semanal incluye un invitado especial.

Kinan, un refugiado sirio de religión musulmana que vive con la familia Jellinek desde noviembre del 2015. Los viernes, Kinan se une a ellos para practicar el Sabbat y cocina algunos platos típicos sirios que aprendió a hacer viendo vídeos de Youtube.

“No quería coger las armas contra mi gente”

Kinan vivía en Damasco, donde trabajaba en marketing para una farmacéutica. En julio de 2015, decidió huir del país para evitar el servicio militar. No quería coger las armas en contra de los suyos.

Desde Siria huyó hasta Turquía, pasó por Grecia y finalmente llegó a Alemania en agosto del 2015. Al principio vivía en moteles y centros para solicitantes de asilo, hasta que conoció a Chaim, de 59 años, cofundador de la organización Freedomus que presta servicios para solicitantes de asilo.

“La integración no es un trabajo en un solo sentido”

Los Jellinek conocieron a Kinan cuando su hija Béla se había ido al extranjero para labrarse una carrera como actriz. No dudaron en ofrecerle su habitación.

Kyra, de 51 años, está orgullosa de la decisión que han tomado: “Todo el mundo hace lo que siente que debe hacer. Hospedar a un refugiado es beneficioso para ambas partes”.

La experiencia ha sido muy fluida: Kinan estudia alemán cada día mientras Rosa y Lili, las hijas de los alemanes, le ayudan con sus deberes. Kinan sólo quiere aprender el idioma lo antes posible para poder empezar a trabajar.

“La integración no es un trabajo en un único sentido. No depende sólo de quiénes llegan a nuestro país. Debemos mirar también hacia nosotros. Es un proceso en dos direcciones”, opina el padre alemán.

Ahora, Kinan se presenta a sí mismo como berlinés. Le encanta Alemania y cree que sus compañeros sirios necesitan mirar hacia delante: “Si la gente olvida el pasado y empieza a mirar hacia delante, la integración será mejor y más rápida”, asegura el refugiado sirio.

Ésta es sólo una de los cientos de personas que han sido acogidas en Europa, que han roto las barreras del idioma, cultura y religión. Un ejemplo de generosidad que nos llena de esperanza y de humanidad.

Más de 300.000 personas siguen esperando refugio tras cruzar el Mediterráneo. Ayúdales a encontrar un nuevo hogar.

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