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01 Septiembre 2016

#UnNuevoHogar para Nooria, la madre soltera afgana que llegó a Austria caminando

Nooria trabajaba como matrona en la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS) en Afganistán. Allí, viajaba a las áreas más remotas del país, la mayoría bajo el control de los talibanes, para ayudar a mujeres y niños.

Cuando se quedó embarazada, su marido la abandonó. Si se quedaba en Afganistán, se vería obligada a entregar a su hija a su familia política. En octubre de 2015 huyó del país y un mes después llegó a Austria por su propio pie. Una vez allí, estuvo viviendo en la recepción de un centro de solicitantes de asilo hasta que alguien le puso en contacto con Sabine David.

“Una mujer no puede vivir sola en Afganistán y criar a su propio hijo sin un hombre”.

Sabine es ingeniera y tiene 34 años. Vive con su marido y su hija de 11 años en la cima de una colina, cerca de la frontera con Eslovenia.

“Solía ver las noticias en televisión y me sentía tan desesperanzada”, asegura. Un día se acercó al centro de solicitantes de asilo para ofrecer una habitación, preferiblemente para una mujer con un niño.

Nooria ha aprendido a andar en bici para poder moverse por sus propios medios

Como Nooria no tenía carnet de conducir, a esta familia de acogida se le ocurrió la idea de ofrecerle una bicicleta para que tuviera cierta libertad. Aunque Nooria no sabía montar en bicicleta, se decidió a aprender y entre los tres se esforzaron por conseguirlo, pero no fue algo sencillo.

“Es muy difícil enseñar a un adulto a andar en bici, especialmente cuando nunca antes ha tenido una bicicleta”, cuenta Sabine.

Con persistencia y la ayuda de la familia de Sabine, Nooria ha ido aprendiendo a montar en bicicleta después de tres meses de duro trabajo y muchas caídas. Ahora, puede desplazarse de la tienda a la casa e ir clase de sueco dos veces por semana.

“Soy tan feliz con la bicicleta y la libertad”, asegura.

“Nos decían que si metíamos un extraño en casa, nos robaría”

Los 62 vecinos que viven en la pintoresca colina de Lavantall han ayudado a Nooria y a su hijo Aysu llevándoles ropa y juguetes del jardín de infancia.

 “Es divertido porque al principio algunos vecinos mostraban preocupación y nos decían que no podíamos traer a un desconocido, que nos iba a robar. Pero cuando conocieron a Nooria cambiaron de opinión”, nrecuerda Sabine. “El tono y el lenguaje que utilizan ha cambiado completamente desde que la conocieron”, asegura.

Ésta es sólo una de los cientos defamilias que han sido acogidas en Europa, rompiendo las barreras culturales e idiomáticas, llenándose de esperanza y de humanidad. Su generosidad es un ejemplo para todo el mundo.

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