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05 Septiembre 2016

#UnNuevoHogar: “Quiero estudiar arquitectura para reconstruir mi país”

Tras dos años viajando hasta llegar a Europa, Bilal sólo quería volver a su casa hasta que una pareja alemana le ofreció una habitación.

Al refugiado sirio Bilal Aljaber le llevó casi 2 años llegar hasta Europa. En enero de 2015 llegó a Alemania con muchos recelos. Afortunadamente, pronto encontró una segunda familia en Alemania: los berlineses Edgar y Amelie Rai y sus hijos.

“Tenía mucha nostalgia y quería volver a casa, pero no podía. Echaba tanto de menos a mi familia”, confiesa el joven.

A Bilal Aljaber, de 27 años, sólo le quedaba un semestre para graduarse en Literatura Inglesa por la Universidad de Damasco cuando sus padres y hermanos huyeron a Jordania. Salir de casa se había convertido en algo peligroso y pronto recibió una llamada para reclutarle en el ejército.

“De ninguna manera iba a matar a mi gente”, afirma.

Después de año y medio en Jordania sin posibilidad de trabajar ni estudiar, huyó hacia Europa.

Al principio, el refugiado sirio se quedó en un centro para solicitantes de asilo en Berlín donde ayudaba con traducciones. Cuando preguntó si podía mudarse por su cuenta, el director del centro le presentó a Edgar y Amelie.

“Son como una segunda familia para mí, me ayudan en todo lo que pueden. Tenemos una amistad realmente cercana y ésta es una de las cosas más bonitas que me han sucedido nunca. Siento que tengo a alguien aquí, que me apoya y me ayuda. No estoy totalmente solo”.

Edgar describe su primer encuentro como “amor a primera vista”. Los tres quedaron para tomar un café y Edgar le ofreció la habitación de su hija mayor, que acababa de mudarse. Después de compartir habitación con otros cinco hombres, Bilal tenía la impresión de vivir en un palacio cuando llegó a la casa de los Rai.

“Es imposible seguir creyendo que esto no es un problema de todos”, alega Edgar.

Edgar y Amelie tienen otros dos hijos: Moritz de 12 años y Nelly de 10. Bilal juega con ellos y les cuida cuando los padres salen por la noche.

Unos meses después de mudarse, el hermano pequeño de Bilal, Amr de 17 años, llegó a Alemania. La familia Rais no dudó en hacerle un hueco. Al principio, Amr se quedaba en la habitación de Bilal, pero más tarde, la hija mayor de la familia le ofreció su habitación y se mudó a la de su hermana. Amelie afirma que los hermanos sirios son tan educados que ha sido muy fácil vivir con ellos.

 “Quiero estudiar arquitectura para poder reconstruir mi país”

Amr ha conseguido una beca de dos años en un reconocido colegio a unas horas de Freiburg y se prepara para mudarse en cuanto comience el curso.

“Vaya donde vaya, puede haber un nuevo comienzo” le dijo Edgar a su hermano. Amr quiere ser arquitecto: “Quiero estudiar arquitectura para poder reconstruir mi país”, afirma.

Bilal también sueña con seguir sus estudios. Ahora que su alemán ha mejorado, trabaja a tiempo parcial en el centro donde se quedó al principio, traduciendo entre el alemán, inglés y árabe.

Cada vez que piensa en mudarse, le dicen que puede quedarse todo el tiempo que quiera.

Ésta es sólo una de los cientos de historias que han sido acogidas en Europa, que han roto las barreras del idioma, cultura y religión. Un ejemplo de generosidad que nos llena de esperanza y de humanidad.

Más de 300.000 personas siguen esperando refugio tras cruzar el Mediterráneo. Ayúdales a encontrar un nuevo hogar.

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