El conflicto de Siria ha provocado que millones de familias dejen atrás sus casas y huyan con lo puesto, superando el miedo psicológico. Para los más jóvenes, que a menudo se describen como una generación perdida, la educación es un recurso casi inalcanzable. Según datos de Unicef, dos tercios de los niños refugiados sirios no asisten a la escuela. Te contamos la historia de algunos de estos jóvenes talentos que tenían un futuro prometedor en su país.

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Mostafa, 23 años

Cuando su casa sufrió un ataque hace tres años, nuestro protagonista recuerda que el tiempo se congeló. Antes de abrir los ojos ya sabía que su vida nunca iba a volver a ser la misma. “No quería ver lo que había pasado”, recuerda. Cuando lo hizo, vio los cuerpos de su madre y de su hermano sin vida y sintió pánico. Nuestro protagonista tuvo que hacerse cargo de sus hermanos más jóvenes, porque su padre todavía sufre las secuelas del ataque y es voluntario en una escuela fundada por expatriados sirios para educar a los jóvenes desplazados. Pasar tiempo con los niños ha sido una terapia para Mostafa, que le ayuda a dejar a un lado sus pérdidas. “Esta es mi gente”, nos cuenta. “Cuando los miro a los ojos, veo mi dolor”.

Bayan, 13 años

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Huyó de Alepo con su familia hace dos años y está teniendo problemas para adaptarse a su vida actual en Líbano. Cuando se fue de Siria, no pudo llevarse más que unas pertenencias básicas, ni siquiera sus libros de texto. Para ella, la vida en Líbano está siendo muy difícil. Tanto ella como su hermana se quejan de que los profesores y otros alumnos las acosan, y la situación en casa no es mejor. Su padre apenas gana lo suficiente para mantenerlos, y les han cortado la luz porque no han podido pagar la factura.

Manal, 18 años: dominar el miedo psicológico

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Casi cada día recorre 20 minutos en autobús para llegar a un centro comunitario para refugiados sirios en Líbano. Manal y su familia huyeron de Damasco hace dos años, después de algunos otros familiares hubieran sido encarcelados. El miedo psicológico casi le puede, pero finalmente consiguió llegar a su destino. Antes de la guerra, ella pretendía entrar en la universidad y estudiar Administración y Dirección de Empresas, pero como la mayoría de los refugiados, ahora solo lucha por encontrar una forma de financiar sus estudios en su nuevo país. “He aprendido que ninguna situación es permanente, ni siquiera la guerra; nada de esto es permanente”, dice. “Después de toda esta oscuridad hay un sol”.

Mohammed, de 23 años y Hanaa, de 18

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Están recién casados y viven en lo que antes era una fábrica de procesamiento de cebolla en Líbano. Mohammed juntó hace un mes todos los ahorros de su vida para alquilar este espacio. La mayor parte de sus parientes viven solo en una tienda de campaña. Ellos llegaron el año pasado de Raqaa, en Siria, donde Mohammed había estudiado Ciencias Sociales y Hanaa pretendía convertirse en maestra de Historia. “Quiero enseñar a los jóvenes sobre el rico pasado de Siria”, dice Hanaa. “El presente es tan feo, pero el pasado… el pasado tiene belleza”.

Todos nuestros protagonistas han tenido que huir de Siria, plántandole cara al miedo psicológico, y ahora intentan reconstruir sus vidas en Líbano. Te hemos contado sus historias para acercarte un poco más a los refugiados que tienen que empezar de cero en otro país.






Guía Educación de los niños refugiados