Hemos preparado este test que te permitirá poner a prueba tus conocimientos sobre la Guerra de Siria. ¿Qué sabes realmente sobre las causas de este conflicto?, ¿cómo se está gestionando el proceso de paz?, ¿qué es lo que piden los bandos en conflicto? Contestas al test ‘¿Cuánto sabes de la guerra de Siria?‘ y descubre datos que posiblemente desconocías del conflicto.


Hoy queremos contar la historia de Víctor Ullman, un chef sueco de reconocido prestigio que ha decidido usar su talento para alimentar a los refugiados que llegan a las costas de Europa. Un día, nuestro protagonista pensó en cómo ayudar a Siria y se le ocurrió esta idea. Desde entonces, ha servido más de 6.000 comidas calientes, que han hecho que su olla se resienta y haya quedado inutilizada.

Víctor ha pasado días enteros y noches cocinado estofado para miles de sirios, iraquíes, afganos y otros refugiados que buscan recursos básicos. “Siempre que estoy despierto estoy cocinando”, nos cuenta. “No tengo ninguna percepción del tiempo aquí; no hay reloj ni teléfono”.

Esta historia transcurre en Bapska, Croacia, a unos pocos cientos de metros de la frontera con Serbia, donde decenas de miles de refugiados han llegado durante las últimas semanas buscando una oportunidad en Europa. Llegan a pie, en silla de ruedas o los bebés, en sus cochecitos, mojados, hambrientos y agotados después de un viaje hacia lo desconocido. A lo largo de su camino, se van encontrando con voluntarios de toda Europa que solo quieren ayudar. Entre ellos hay activistas, estudiantes, sociólogos, fisioterapeutas, traductores e incluso cocineros, como nuestro protagonista, unidos por un sentimiento de humanidad compartida y que en algún momento se han planteado cómo ayudar a Siria.





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De hecho, Víctor llegó junto con una tripulación de siete cocineros. Lleva 15 años en el negocio de los restaurantes. Hoy está cocinando una versión de carne y otra vegetariana. “Tenemos un lote de alimentos halal. Estamos recibiendo donaciones de todas partes”, nos cuenta. “Algunas personas estaban tan hambrientas que incluso se estaban alimentando con comida para bebés… Estoy muy feliz de poder darles algo de comida caliente”.

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Al otro lado de la frontera, algunos refugiados reciben manzanas, leche y galletas, pero no son platos calientes. Cuando llegan aquí, se sienten muy felices de poder probar platos como estos. Pero Víctor no solo prepara comida para los refugiados. También da de comer a trabajadores voluntarios y a la policía croata, que, como él, están haciendo todo lo posible para ayudar a Siria.

Víctor enseña orgulloso sus pies. Lleva un par de botas que le dio un policía, después de que él mismo le hubiese dado sus zapatos a un refugiado. “Me encantan estas botas”, nos cuenta. “Son como un recuerdo de aquí”. Él es solo uno de los miles de voluntarios que se plantean cómo ayudar a Siria y que ponen su grano de arena para que todo funcione y puedan encontrar un hogar que les de la calidad de vida que merecen. Cada uno aporta lo que puede, incluso su talento, porque en estas fronteras toda ayuda  es necesaria.

Los refugiados que llegan cansados, hambrientos y sedientos agradecen más que nunca que en la frontera les esperen cientos de voluntarios con un plato de comida, que pueden disfrutar junto a sus familias para recuperar fuerzas en su largo camino hacia Europa, y sus sonrisas y sus gestos de agradecimiento son la mejor moneda con la que les pueden pagar.





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