Entre 1991 y 1999, la península de los Balcanes, ubicada en sureste de Europa, fue el epicentro de la última gran confrontación bélica que ha tenido lugar en este continente: la denominada guerra de los Balcanes.

Aunque las causas que motivaron el conflicto se remontan a la I Guerra Mundial, pues se trata de una zona en la que históricamente han interactuado varias culturas y etnias, solo tras la caída de la URSS en 1989 se revelaron las intenciones bélicas de sus protagonistas, todos ellos miembros de la antigua Yugoslavia.

Este país, constituido por pueblos heterogéneos y con intereses contrapuestos, sufrió un progresivo desmembramiento que, tras las acciones armadas y los posteriores pactos, dio origen a las repúblicas de Croacia, Serbia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina y, recientemente, Kósovo.

 

“Cuando has sido refugiado, nunca lo olvidas”

Zoran Markovic tiene 45 años y es un oficial de policía croata que trabaja en la frontera con Bosnia-Herzegovina. Él y otros agentes y voluntarios que forman parte de los cuerpos de seguridad en dicha zona atienden a los refugiados sirios que huyen de la guerra y han elegido esa ruta para llegar a Europa.

Trabajan hasta 16 horas diarias a pesar de las bajas temperaturas que se presentan en invierno. Y lo hacen por una razón de peso: muchos de ellos, incluido Zoran, fueron refugiados durante la guerra de los Balcanes.

“Hace 24 años mi pueblo fue ocupado y mis padres y nosotros tuvimos que huir en cuestión de horas”, recuerda Zoran. “Cuando te pasa algo así, nunca lo olvidas. Se te queda grabado en lo más profundo de la memoria”.

ayuda refugiados sirios

Apoyado en un grupo de oficiales, su labor consiste en garantizar que los refugiados que cruzan la frontera suban a los autobuses que los llevarán a los centros de atención destinados para su asistencia y acogida en suelo croata.

“Todos tienen el mismo problema. Da igual si vienen de Siria, Irak o Afganistán”, continúa. “Hoy en día, los serbios y los croatas vivimos juntos de nuevo, como antes de la guerra. Me gustaría que pasara lo mismo con estas personas”.





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“Desde el primer día reparto manzanas a los refugiados”

Cuando Miodrag Hillic, granjero de 34 años, vio llegar a los primeros refugiados sirios a Croacia, inmediatamente se acordó de lo que su familia tuvo que afrontar durante la guerra de los Balcanes, cuando él solo tenía 10 años.

Ante la inminencia de la guerra, tuvieron que dejar su hogar y refugiarse en Volvidine, una pequeña localidad fronteriza. Sin embargo, los problemas para ellos continuaron, pues su madre era de origen croata y su padre, serbio.

Ayuda a refugiados sirios

Por eso, ahora, ante la llegada de los refugiados sirios, su reacción natural ha sido la de ayudarles: “Desde el primer día tomé la decisión de repartir manzanas. Cuando se lo dije a mi familia, todos estuvieron de acuerdo”.

Su cosecha, compuesta mayoritariamente por frutas y verduras, es de casi 50 toneladas al mes. Él mismo va hasta los puntos donde se reúnen los refugiados que llegan al país en busca de asistencia y les dona parte de sus alimentos.

“Los croatas vivimos ahora en paz. Espero que los sirios tengan la misma oportunidad y puedan volver algún día a su país”, afirma esperanzado.





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