Saleh, de 10 años, es uno de los miles de refugiados sirios en Líbano. Es muy joven para recordar su vida en Siria, de donde huyó hace cuatro años con su familia, pero ha aprendido a sobrellevar su nueva vida a través de una tradición de su pueblo: la cría de palomas.

Nuestro protagonista toca el silbato y las aves responden volando hacia la cabaña que su familia tiene en un campo de refugiados al sur de Líbano.

Refugiados sirios en Líbano palomas
UNHCR/Ivor Prickett



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Aquí viven unas 165 familias de refugiados sirios en Líbano, y al menos 12 personas se dedican a la cría de aves. Provienen de Idlib, una región agrícola al norte de Siria conocida por su trato con estas aves. Cuando estalló la guerra, muchos tuvieron que huir a Líbano. No tuvieron tiempo de coger muchas de sus pertenencias, pero la mayoría se llevó ocultas a sus palomas a través de las montañas.

Cuatro años después, las aves han criado y encontrado un nuevo hogar, lo que permite a sus dueños seguir con esta tradición, una forma de recordar el pasado para estos refugiados sirios en Líbano. Las aves son una metáfora de sus vidas, ya que, mientras ellos no son libres para volver a su país, ellas vuelan libres por donde quieren. “Las miro y me recuerdan a mi hogar”, explica Mahmoud, el primo mayor de Saleh. “Mi favorita es Colaverde, que me traje de Siria en una caja de madera. Da igual donde la suelte; siempre sabe volver”.

El lugar de donde viene esta familia tiene una amplia tradición en la cría de aves. Las palomas se crían para el comercio, pero también por afición. Sus patas suelen estar decoradas con campanas o cintas de colores, y los habitantes de Líbano se quedan maravillados por su belleza y su talento.

Khaled es un refugiado sirio en Líbano que está muy orgulloso de su bandada. Pudo escapar de Siria con nada menos que 40 palomas en cajas de madera hace tres años. Ahora ya tiene 300. “No podía vivir sin ellos”, confiesa. “Son lo primero en lo que pienso cada mañana después de mi esposa y mis hijos”.

Refugiados sirios en Líbano historias
Copyright: UNHCR/Ivor Prickett

Mahmoud, en cambio, solo pudo traerse 6 pájaros, incluyendo a Colaverde. El resto murió cuando un proyectil alcanzó su casa en Siria. Ahora tiene un total de 25. Él confiesa que le encanta cuidar de sus pájaros, pero que le recuerdan que no puede volver a casa.

Para Saleh, la cría de palomas es una forma de huir de la realidad. No puede ir a la escuela, así que le preguntó a su padre si podía empezar a criar como él hacía en Siria. Hoy en día ya tiene 30 pájaros, que guarda en un pequeño gallinero que su padre construyó al lado del refugio de su familia. La madre de Saleh dice que gracias a las palomas el niño se ha vuelto más fuerte. Pasa el día entre sus silbidos y cuidando de su alimentación.

Las tradiciones son una parte muy importante de la vida de los refugiados sirios en Líbano y en los campos de refugiados; por eso ACNUR apuesta por el fortalecimiento de los vínculos de estas personas con sus lugares de origen a través de actividades como estas.


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